Taylor’s University recibe a estudiante de Ingeniería de Software
13/03/2025
Autor: Yolanda Jaimes
Foto: Cortesía

Ana Karen Camargo, eligió a Malasia como su destino para realizar su intercambio. Entre sus opciones había países europeos, la India e Indonesia y hoy nos cuenta este país asiático, así como los retos culturales y académicos que enfrentó.  

La pandemia frustró sus intenciones de realizar un intercambio mientras estaba en la preparatoria, así que cuando entró a la Universidad, lo primero que hizo Ana Karen Camargo Montealegre, estudiante de Ingeniería de Software, fue conocer cómo, cuándo y qué debía hacer para hacer su sueño realidad.

En el Departamento de Internacionalización le explicaron a detalle el proceso así que esperó pacientemente hasta que llegó el tiempo para aplicar. Entre sus opciones estaban Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos, Perú, Chile, Indonesia y la India, pero al hacer un estudio minucioso de sus opciones decidió que el país y la universidad que más se ajustaba a su presupuesto, gustos y necesidades académicas, era Malasia y la Taylor’s University.

“La verdad es que como somos una facultad muy pequeña, me fue difícil encontrar personas que me pudieran compartir su experiencia de intercambio, pero cuando llegué a internacionalización, el personal fue bastante amable porque resolvió mis dudas e incluso me informaron sobre las becas a las que podía aplicar”, relató.

Aunque era la primera vez que salía del país y se alejaba de su hogar, en todo momento sintió el apoyo de sus papás quiénes pese a no saber nada del país, al momento de saber que se iría a Malasia, empezaron a ser más sensibles con las noticias y lo que acontecía en esa parte del mundo, como su mamá; y a contarles a todos su conocidos a dónde es que iría de intercambio, como su papá.

“Cuando les dije que me iría a Malasia lo primero que me dijeron y eso dónde es, y cuando vieron ya en el mapa, literal se los mostré en el Globo Terráqueo, solo dijeron ´Sí está muy lejos´, y después mi mamá cada que veía algo de Malasia en las noticias, me decía, ‘pasó esto’. Y mi papá no paraba de decirle a la familia o a sus compañeros de trabajo que me iría de intercambio también”, compartió.

Como todos papás, los de Karen también se preocuparon por la lejanía, pero saber que estaría acompañada, no solo por su novio, sino también otra compañera de la Universidad, les dio tranquilidad.

En la Taylor’s University Karen cursó 4 materias: Systems Fundamentals, Personal Practices, Software Design y Sofware Testing, siendo esta última su favorita, por cómo la profesora impartía su clase pues no solo era teórico, sino también práctico.

La experiencia académica en la Taylor’s University fue completamente diferente a lo que Ana Karen estaba acostumbrada en México. En Malasia, las clases eran impartidas en inglés, algo que no representó un problema para ella, pero sí un reto en términos de adaptación al formato de enseñanza.

"El modelo educativo es distinto, hay materias que son simplemente cátedras donde el profesor solo expone y nosotros escuchamos, y otras materias que son prácticas, sin embargo, me gustó su dinámica, porque le dio la oportunidad de organizar grupos de estudio con sus compañeros”, relató.

No obstante, lo que al principio me pareció extraño fue la forma en que mis compañeros hacían sus exposiciones, pues a diferencia de México, sus compañeros únicamente se dirigían al profesor y no al grupo completo.

Más allá del ámbito académico, la experiencia cultural en Malasia fue enriquecedora. Desde el primer momento, Ana Karen se preocupó por respetar la cultura local, especialmente porque sabía que la religión predominante era el islam.

"Al principio pensé que debía cubrirme todo el tiempo por respeto, pero cuando llegué a la universidad me di cuenta de que las chicas se vestían como querían. Muchas usaban hiyab, pero otras vestían de manera más occidental y nadie las juzgaba por eso. De hecho, me sentí más segura que en México, porque allá no te ven mal ni te acosan por cómo te vistes", compartió.

Sin embargo, sí pasó por un shock cultural, y es que las demostraciones de amor no están permitidas en Malasia.

"En general, las muestras físicas de afecto están prohibidas, incluso en el transporte público hay señalamientos que lo indican. Sin embargo, hablando con un amigo malayo, me explicó que las nuevas generaciones están cambiando y ahora es más común ver parejas tomarse de la mano o sentarse juntas, aunque los besos en público siguen siendo poco frecuentes".

Durante su estancia, Ana Karen también tuvo la oportunidad de viajar dentro y fuera de Malasia. Uno de los destinos que más disfrutó fue la isla de Penang, al norte del país. "George Town me encantó porque es un lugar con una mezcla de arquitectura tradicional y moderna, además de que la comida es deliciosa y hay playas muy bonitas". También visitó Singapur, un destino que la impresionó por su avanzada infraestructura y su eficiente sistema de transporte. "Es una ciudad increíble, muy ordenada y con lugares espectaculares como Gardens by the Bay".

En cuanto a la gastronomía, Ana Karen encontró sabores que le recordaban a México, como el Roti Canai, un pan acompañado de salsas picantes. "Una de las salsas tenía un sabor parecido al adobo y otra sabía a peces secos. La combinación de lo dulce del pan con lo picoso de las salsas me encantó". Sin embargo, no todo fue de su agrado, ya que probó el durian, una fruta famosa por su fuerte olor. "Al principio huele frutal, pero luego parece echado a perder. No me gustó nada", confesó.

En cuanto a la financiación de su intercambio, Ana Karen contó con becas de UPAEP que cubrieron su colegiatura y parte de su estancia. Además, trabajó durante medio año antes del viaje para cubrir sus gastos diarios. "Afortunadamente, Malasia no es un país caro y hacer despensa allá era bastante accesible", explicó.

Mirando en retrospectiva, Ana Karen está convencida de que valió la pena cada esfuerzo para lograr su intercambio. "Mucha gente quiere ir a Europa porque cree que si va a Asia no podrá viajar, pero en realidad es muy fácil moverte entre los países de la región y a precios accesibles", señaló.

Finalmente, alentó a quienes dudan por el papeleo o el proceso de aplicación. "No pierdan una oportunidad como ésta solo por flojera de realizar el papeleo, esa es razón muy tonta. Lo que vives y aprendes en un intercambio supera por mucho cualquier obstáculo administrativo", aseguró.