El bienestar emocional también depende de las condiciones sociales, económicas y del acceso a redes de apoyo.
La conferencia destacó los hábitos cotidianos, la empatía y el cuidado colectivo como herramientas de prevención.
La salud mental requiere atención continua, redes de apoyo y condiciones sociales que permitan el bienestar. Esta fue una de las principales reflexiones de la conferencia “El cuidado como pilar de la Salud Mental”, impartida en la UPAEP por Brenda Trejo Torres, profesora de la Facultad de Psicología UPAEP.
Durante el encuentro, la especialista planteó que la salud mental no consiste únicamente en la ausencia de trastornos, sino que representa un derecho y un proceso que se construye a lo largo de la vida. También destacó que el cuidado personal necesita acompañarse de una responsabilidad colectiva, especialmente en una sociedad marcada por las desigualdades, el aislamiento y las exigencias cotidianas.
El bienestar también depende del entorno
Uno de los temas centrales fue la relación entre las condiciones de vida y las posibilidades de cuidar la salud mental. Durante el diálogo, los participantes señalaron que acceder a terapia, mantener hábitos saludables y contar con redes de apoyo requiere recursos económicos y tiempo, elementos que no están al alcance de todas las personas.
Para ilustrar esta relación, se planteó la metáfora de una semilla que necesita condiciones favorables para florecer. De la misma manera, el bienestar emocional depende tanto de los recursos personales como del entorno social, económico y cultural.
La conversación también abordó los prejuicios hacia las juventudes, como la etiqueta de “generación de cristal”. Los asistentes reflexionaron sobre los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones ante la sobreexposición a las pantallas, la saturación de información, los cambios tecnológicos y las consecuencias del aislamiento social durante la pandemia.
Asimismo, se destacó que contar con un diagnóstico de salud mental no impide desarrollar habilidades, afrontar situaciones de estrés ni construir una vida plena. En este sentido, buscar apoyo profesional, incluso después de experiencias poco satisfactorias, representa una forma de autocuidado.
Hábitos cotidianos y redes de cuidado
La conferencia también puso atención en los hábitos que pueden afectar el bienestar a largo plazo. La mala alimentación, la falta de sueño, el consumo de sustancias y el aislamiento progresivo pueden incrementar los riesgos para la salud física y emocional.
Ante situaciones de crisis o desbordamiento emocional, se destacó la importancia de atender necesidades básicas como descansar, alimentarse adecuadamente, mantenerse en movimiento y buscar compañía, en lugar de recurrir al aislamiento.
Sin embargo, los participantes advirtieron que promover el ejercicio, la alimentación saludable y otras prácticas de autocuidado resulta insuficiente si se ignoran las condiciones laborales, económicas y sociales que dificultan mantenerlas. Por ello, la atención de la salud mental también requiere entornos accesibles y redes que permitan a las personas recibir acompañamiento.
En este contexto, la comunidad universitaria tiene la oportunidad de compartir conocimientos, cuestionar estigmas y contribuir al bienestar colectivo. La formación académica, señalaron las reflexiones del encuentro, también implica poner lo aprendido al servicio de otras personas.
La conferencia concluyó con una invitación a trascender una visión individualista del autocuidado y reconocer el valor de la ternura, la empatía y la solidaridad. Frente a la desesperanza y el aislamiento, construir espacios seguros y relaciones de apoyo puede convertirse en una forma cotidiana de resistencia y en una vía para hacer del cuidado un derecho más accesible.
















