Ser jefe conlleva muchas responsabilidades: tomar decisiones, gestionar equipos, resolver conflictos y, en muchos casos, ser el apoyo emocional de los colaboradores. Es común que un líder pregunte a su equipo cómo se siente, cómo va su día o si necesita algo. Pero, ¿con qué frecuencia alguien le devuelve la pregunta?
La jefatura puede ser un espacio solitario. Se espera que quien ocupa el puesto tenga respuestas, soluciones y una actitud firme, pero pocas veces se reconoce que también es una persona con preocupaciones, dudas y días difíciles. La imagen de liderazgo tradicional ha construido la idea de que un jefe fuerte es aquel que no necesita apoyo, cuando en realidad, la verdadera fortaleza está en reconocer que nadie puede con todo solo.
La empatía en el trabajo no debe fluir solo de arriba hacia abajo. Preguntar a un jefe cómo está, cómo se siente o si necesita ayuda no solo humaniza la relación, sino que crea un ambiente laboral más saludable. Un equipo sólido es aquel en el que todos, sin importar su posición, saben que pueden contar con los demás.
Quizá hoy sea un buen día para voltear y preguntarle a tu jefe: ¿cómo va tu día?