Este 12 de agosto, a las 12 del día, la vida universitaria hizo una pausa. El Centro de Vinculación estaba lleno a su máxima capacidad; hubo que colocar más sillas para recibir a quienes llegaron a acompañar al Dr. Emilio José Baños Ardavín en el cierre de sus 13 años como Rector de la UPAEP. Entre académicos, estudiantes, egresados, colaboradores, autoridades civiles, eclesiásticas, empresarios, líderes sociales, amigos y familiares, también se encontraba la prensa, fotógrafos, camarógrafos y reporteros que registraron cada momento de una ceremonia marcada por la emoción y la nostalgia. Detrás de todo, un amplio equipo de logística hizo posible que cada detalle transcurriera mientras el ambiente dejaba sentir que no era una ceremonia más, sino el cierre de un capítulo y el comienzo de otro.
Baños Ardavín tomó la palabra y, aunque comenzó haciendo referencia a los logros alcanzados durante su gestión, pronto llevó el discurso hacia otro lugar: las personas. Habló del crecimiento de la Universidad, de sus más de 18 mil estudiantes, de la acreditación internacional WASC y de proyectos como el AztechSat-1 y el Gxiba-1. Pero al preguntarse qué le dejaban estos 13 años, la respuesta no estuvo en las cifras. Estuvo en las miradas de los jóvenes que llegaron con ilusión, de quienes lloraron junto a un amigo y de quienes descubrieron que podían superar sus propios límites. En el recinto, sus palabras encontraron eco en una comunidad que compartía con él orgullo por lo construido, pero también la nostalgia de verlo dejar la Rectoría.
La emoción aumentó cuando recordó a los jóvenes de la comunidad universitaria que perdieron la vida a causa de la violencia. Sus nombres interrumpieron el recuento de logros para recordar que la UPAEP también ha vivido el dolor de México. Baños Ardavín pidió que su memoria comprometa a la comunidad con la construcción de la paz y la defensa de las libertades. Después llegaron los agradecimientos: a la Junta de Gobierno, profesores, colaboradores, estudiantes, autoridades, empresarios, medios de comunicación y, con especial emoción, a su familia. Al hablar de su esposa Daniela y de sus cuatro hijas, Fernanda, Fátima, Paulina y Jimena, agradeció su amor, comprensión y compañía durante estos años. Incluso, entre la emoción del momento, bromeó con que todas tienen algo de águilas. También reconoció sus tropiezos y pidió perdón por las ocasiones en que pudo haber fallado.
Antes de concluir, Baños Ardavín habló con ilusión del futuro: entregaría la estafeta al Dr. Jorge Medina Delgadillo, a quien describió académico, investigador, directivo y, sobre todo, amigo. Al mismo tiempo, asumiría una nueva encomienda como Consejero Delegado de la Red Educativa Spes, convencido de que el cierre de esta etapa no significaba detenerse, sino continuar sirviendo desde otro lugar. México atraviesa tiempos complejos, dijo, y precisamente por eso la Universidad tiene una responsabilidad mayor. Citó a San Agustín: “Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros”. Luego pronunció una frase que resumió el sentido de su despedida: “Hoy cambia la encomienda, pero permanece intacta la ilusión de navegar y de seguir construyendo, juntos en comunidad, nuevos mapas de esperanza”.
Entonces ocurrió uno de los momentos más emotivos de la jornada. Al terminar su mensaje, todo el recinto se puso de pie. La ovación se prolongó durante varios minutos mientras Baños Ardavín permanecía frente a una comunidad que, entre aplausos, emoción y nostalgia, reconocía los 13 años de quien había conducido a la UPAEP. No fue solamente la despedida de un Rector: fue el abrazo simbólico de una Universidad a una etapa de su propia historia. Así, entre aplausos y emoción, Emilio Baños cerró 13 años de historia al frente de la UPAEP y dejó la estafeta lista para una nueva etapa.

















