En el marco de la celebración de su 50 aniversario, la Universidad Intercontinental (UIC) dio gracias por cinco décadas de vida universitaria, por el legado de los Misioneros de Guadalupe y por las generaciones que han contribuido a construir una institución comprometida con la formación, el servicio y la esperanza.
Previo a la celebración del LVI Claustro Académico, el miércoles 19 de agosto se llevó a cabo una celebración eucarística en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, con el propósito de encomendar a Dios la misión de la UIC, así como a sus integrantes y sus familias, bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe.
La celebración fue presidida por el nuncio apostólico en México, monseñor Joseph Spiteri, y concelebrada por monseñor Francisco Javier Acero, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México y egresado orgullosamente UIC; monseñor Óscar Roberto Domínguez Couttulenc, MG, arzobispo de Tulancingo; así como por Misioneros de Guadalupe, encabezados por su Consejo General y por el padre Eugenio Zacarías Romo Romo, MG, Superior General de los Misioneros de Guadalupe y presidente de la Junta de Gobierno de la UIC.
A la celebración asistieron integrantes de la comunidad universitaria, invitados especiales y miembros de la Junta de Gobierno de la UIC, así como representantes de la Junta de Gobierno de la UPAEP y de la Red Educativa Spes, de la cual forma parte la Universidad Intercontinental.
Una invitación a servir y buscar la verdad
Durante su homilía, monseñor Joseph Spiteri destacó la importancia de agradecer los dones y las bendiciones recibidos a lo largo de la historia de la UIC, así como reconocer la dignidad de cada uno de los integrantes de su comunidad.
El representante de la Santa Sede en México invitó a los presentes a mantener una actitud de servicio y a encomendar a la Virgen de Guadalupe la misión de formar a los estudiantes en la búsqueda de la verdad, para que puedan descubrir y poner al servicio de los demás los dones recibidos de Dios.
“El Señor nos llama a colaborar para ser servidores de la gloria. Su misericordia es una ocasión para renovar nuestra vida cada mañana”, expresó.
Al concluir, monseñor Spiteri subrayó que la caridad constituye una fuerza fundamental para fortalecer el camino académico y la misión de quienes integran la comunidad universitaria: “La caridad es la verdadera fuerza que fortalece nuestro camino académico”.
Con esta celebración, la UIC inició uno de los momentos centrales de la conmemoración de sus 50 años, poniendo en manos de Dios y bajo el amparo de Santa María de Guadalupe el presente y el futuro de una institución que, desde 1976, ha acompañado la formación de generaciones de estudiantes y mantiene el compromiso de seguir construyendo nuevos horizontes al servicio de la sociedad.
















