Orden internacional se fractura; potencias actúan unilateralmente y debilitan derecho
02/03/2026
Autor: Juan Méndez
Foto: Juan Méndez

UPAEP analiza el alcance geopolítico, económico y estratégico del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

En un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la volatilidad, UPAEP, a través de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, ofreció un análisis sobre la creciente tensión en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, así como sus posibles implicaciones para México y el sistema internacional.

Derzu Daniel Ramírez Ortiz, Director de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, y Herminio Sánchez de la Barquera y Arroyo, profesor investigador del mismo programa, coincidieron en que el reciente ataque encabezado por Estados Unidos e Israel contra Irán representa un punto de inflexión en una confrontación histórica que se remonta a la Revolución Islámica de 1979.

Ramírez Ortiz explicó que la relación entre Washington y Teherán ha estado marcada por la desconfianza y la confrontación, particularmente desde que el régimen iraní comenzó a desarrollar capacidades nucleares que generaron preocupación en Israel y en la comunidad internacional.

Recordó que en 2015 se intentó frenar el programa nuclear iraní mediante un acuerdo internacional del cual Estados Unidos se retiró unilateralmente en 2016, durante la primera administración de Donald Trump. Desde entonces, las tensiones han escalado, con ataques limitados y operaciones militares selectivas.

Sin embargo, el ataque más reciente —de mayores dimensiones— incluyó objetivos militares, navales, infraestructura nuclear y figuras clave del sistema político iraní. “Estamos ante una ofensiva mucho más amplia que las anteriores, con la intención no sólo de limitar capacidades, sino de descabezar estructuras de poder”, señaló el académico.

Entre los objetivos históricos de Estados Unidos, destacó la eliminación de la capacidad nuclear y balística iraní, así como el freno al respaldo de milicias proiraníes en la región. No obstante, subrayó que el planteamiento explícito de un “cambio de régimen” introduce una nueva variable.

“Para lograr un cambio de régimen real, Estados Unidos tendría que enviar tropas en tierra, lo cual contradice una de las líneas rojas que el propio presidente Trump ha establecido”, explicó. Por ello, consideró más viable un escenario de máxima presión que busque subordinar a Irán a nuevas reglas de comportamiento regional, debilitando su relación estratégica con China y Rusia, subrayó Herminio Sánchez de la Barquera.

Sánchez de la Barquera añadió que, aunque el régimen iraní ha sido represivo y cuestionable en términos de derechos humanos, las intervenciones externas para forzar cambios políticos rara vez producen resultados estables. “Históricamente, estos intentos no suelen funcionar y pueden generar vacíos de poder con consecuencias imprevisibles”, advirtió.

Uno de los focos de mayor preocupación es el impacto económico global. El conflicto se desarrolla en una zona estratégica, particularmente en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial.

Ramírez Ortiz señaló que la incertidumbre ya ha provocado incrementos en los precios internacionales del crudo y la suspensión temporal de operaciones de algunas navieras. Recordó que en 2009 acciones iraníes en la zona generaron un aumento cercano al 20% en el precio del petróleo.

Para México, explicó, el impacto no sería directo en términos de suministro —pues el intercambio energético principal es con Estados Unidos—, pero sí podría resentirse a través del aumento en los precios del gas natural y las gasolinas importadas, lo que eventualmente presionaría la inflación.

“Más del 50% de los energéticos que requiere nuestra economía provienen del exterior, principalmente de Estados Unidos. Si allá suben los precios, el efecto será inmediato en México”, puntualizó.

Ambos especialistas coincidieron en que el conflicto refleja un debilitamiento acelerado del derecho internacional y de las reglas que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial.

“El orden internacional está en una etapa de ruptura. Las grandes potencias actúan con mayor unilateralidad, y el derecho internacional pierde fuerza como marco regulador”, señaló Sánchez de la Barquera.

También destacaron la limitada reacción de Rusia y China, que han expresado protestas diplomáticas pero no han intervenido militarmente, lo que confirma —según los académicos— que no existe una alianza militar formal con Irán, sino asociaciones estratégicas de conveniencia.

En contraste, se observa una convergencia entre Estados Unidos y países europeos, pese a fricciones recientes en otros frentes geopolíticos.

Sobre la duración del conflicto, los académicos señalaron que, aunque Washington ha hablado de una ofensiva limitada en el tiempo, las guerras son procesos impredecibles. “Uno sabe cuándo empiezan, pero no cuándo ni cómo terminan”, advirtió Sánchez de la Barquera, al diferenciar este conflicto de la guerra en Ucrania, que tiene una lógica de ocupación territorial distinta.

Finalmente, alertaron sobre el papel de las redes sociales y la desinformación en tiempos de guerra, recomendando a la ciudadanía recurrir a fuentes verificadas ante la proliferación de noticias falsas y contenidos generados con inteligencia artificial.

En su mensaje de cierre, Derzu Ramírez Ortiz subrayó que el escenario actual evidencia una “diplomacia del cinismo”, donde actores que violan el derecho internacional critican a otros por hacer lo mismo, mientras el sistema global transita hacia una etapa de mayor competencia y menor certidumbre.

“La pregunta no es sólo qué pasará con Irán, sino qué tipo de orden internacional está emergiendo tras estos acontecimientos”, concluyó.