La comunidad universitaria despide con profunda gratitud a Don Pablito, pilar emocional e histórico presente desde la fundación de la Institución.
Ya no se escuchará más el rítmico golpe de la madera contra los pasillos del Campus Central ni se verá a esa figura encorvada por los años, pero siempre erguida por la dignidad del trabajo. Hoy ya no podrá ser ese encuentro matutino con el hombre que, con una sonrisa, lustraba algo más que zapatos: pulía el espíritu de una comunidad que lo adoptó como abuelo, amigo y confidente. Pablito no solo ocupaba un lugar físico en la Universidad; habitaba en el corazón de cada persona que alguna vez se detuvo a platicar con él.
El pasado 10 de marzo de 2026, la familia UPAEP se vistió de luto tras el sensible fallecimiento de Pablo Zamora, el entrañable "Pablito". Nacido el 24 de enero de 1951, su partida física marca el fin de una era para miles de estudiantes, académicos y colaboradores que encontraron en él un ejemplo de vida y sencillez.
Don Pablito no solo fue el bolero oficial del campus; fue un testigo silencioso y activo de la transformación universitaria. Su historia está ligada intrínsecamente al origen de la Institución, pues acompañó a los fundadores desde los tiempos de la antigua CU hasta la consolidación en La Noria, permaneciendo fiel durante más de 50 años de vida institucional.
Su figura era inconfundible gracias a su icónica caja de madera con la leyenda "Habemus Blanca". Esta frase era un guiño de complicidad hacia los estudiantes de medicina, a quienes Pablito cuidaba con especial esmero para que sus zapatos blancos lucieran siempre impecables antes de sus prácticas.
Más allá de su oficio, Pablo Zamora fue un hombre de una resiliencia admirable. A pesar de enfrentar limitaciones, logró concluir la primaria nocturna, la secundaria y la preparatoria, demostrando una voluntad de superación que inspiró a generaciones enteras de universitarios. Su fe inquebrantable en la Virgen de Guadalupe y su lema "Todo con Dios, nada sin Dios" fueron su motor diario.
La relevancia de su legado fue formalizada en 2023, cuando, durante los festejos del 50 Aniversario, recibió el máximo reconocimiento como "Forjador UPAEP". El Mtro. Mauro García Domínguez recordó ese momento con emoción: "La vez que más feliz lo vi fue cuando supo que recibiría su reconocimiento... Pablito transpiraba paz y nobleza absoluta".
Las redes sociales se han inundado de testimonios que evocan su carisma. "Nos dio tantas cosas, más valiosas que cualquier cantidad de dinero", expresaron miembros de la comunidad. Otros lo describen como la persona "más águila" que ha tenido la Universidad en toda su historia, destacando su servicio siempre sonriente y diligente.
En diversos momentos, Pablito mostraba su gran corazón. Se le recuerda dejando una vela en la ofrenda dedicada a los estudiantes de medicina, un gesto de respeto que, según los testigos, dijo más que mil palabras sobre su calidad humana. Su presencia era, en esencia, parte del alma del campus.
Hoy, la UPAEP ora por su eterno descanso y por el consuelo de su familia, agradeciendo las enseñanzas invaluables que dejó grabadas en cada lustrada y en cada plática compartida. Don Pablito no se va del todo; su memoria y su caja de madera seguirán recorriendo simbólicamente los pasillos, recordándonos que la grandeza reside en la humildad del servicio.
Pablito, el forjador de sonrisas, vivirá por siempre en el corazón y la historia de su amada Universidad.
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