De MVZ a CEO: ¿cómo calculas tus precios? El peligro de cobrar «al tanteo»
27/10/2026
Autor: Jorge Luis Escobedo Straffon
Cargo: MVZ, EMCPyG | Mtro. en Biotecnología

Colega, antes de entrar en materia, quiero agradecer profundamente a la Dra. María Elena González (Mari Merc) por su magistral participación de la semana pasada. Como bien nos explicó, estandarizar los procesos es fundamental para que tu clínica deje de depender al 100% de ti y para garantizar una calidad de servicio consistente. Sin embargo, aquí surge un reto crucial: contar con protocolos claros, instalaciones impecables y un equipo capacitado para atender a tus pacientes con excelencia requiere inversión. Esto nos lleva a una de las preguntas que más sudor frío provoca en nuestra profesión: ¿estás cobrando lo justo por tus servicios o estás pagando por trabajar?

El síndrome del precio copiado

La mayoría de los médicos veterinarios -y me incluyo al recordar mis inicios- definimos nuestros precios utilizando la técnica del «ojímetro» o tomando como referencia lo que cobra la competencia. Si el colega de la colonia cobra $350 por consulta, nosotros cobramos $300 para «atraer clientes» o $400 porque «nuestra clínica está más bonita». Otro error clásico consiste en tomar el costo de una vacuna o un medicamento, multiplicarlo por dos y asumir que esa diferencia representa nuestra ganancia. Este es un error financiero que puede condenarte a ser un autoempleado mal pagado. Competir únicamente por precio es una carrera hacia el fondo: siempre habrá alguien dispuesto a cobrar menos, incluso a costa de la calidad y la ética profesional.

La anatomía de un precio de CEO

Un CEO no define sus precios basándose en corazonadas ni únicamente en lo que los clientes están dispuestos a pagar. Los establece a partir de los números reales de su empresa y del valor que aporta a sus clientes.

Para fijar precios de venta que permitan cubrir los costos y sostener el crecimiento de tu clínica, necesitas considerar tres componentes:

1. Costos directos: lo evidente

Son los costos de los insumos que utilizas para prestar un servicio: jeringas, gasas, vacunas, anestésicos o reactivos de laboratorio. Aunque son los más fáciles de identificar, representan apenas una parte del costo total.

2. Costos indirectos y fijos: lo invisible

Recuerda nuestro artículo sobre el presupuesto y el costo de «abrir la cortina». La electricidad, la renta, los salarios de tu equipo y tu propio sueldo como director médico deben cubrirse con los ingresos de la clínica. Por ejemplo, si una cirugía de tejidos blandos requiere dos horas de quirófano, su precio debe contemplar una parte proporcional de los costos de mantener la clínica en funcionamiento, además de los recursos utilizados directamente en el procedimiento.

3. Margen de utilidad: el futuro

Si sumas los dos componentes anteriores, obtienes el costo del servicio, pero todavía no necesariamente una ganancia. Si cobras exactamente esa cantidad, apenas cubres tus costos; es decir, operas en el punto de equilibrio. El margen de utilidad es fundamental para que tu clínica no solo sobreviva, sino que también crezca. Es lo que te permitirá invertir en un nuevo equipo de ultrasonido, remodelar la sala de espera o abrir una nueva sucursal. Sin rentabilidad, tu clínica difícilmente podrá sostenerse a largo plazo. Tu objetivo no es solo pagar las cuentas, sino construir una empresa financieramente saludable.

Tu reto de esta semana

Como profesionales de la salud, a veces nos preocupa escuchar al cliente decir: «Está muy caro». Sin embargo, recuerda que, cuando cuentas con procesos estandarizados y ofreces diagnósticos certeros, no vendes únicamente una consulta, un medicamento o una inyección: ofreces atención profesional, confianza y tranquilidad a las familias que cuidan de sus mascotas. Quiero compartirte una de mis frases favoritas: «Nada es caro cuando lo vale».

Tu tarea para esta semana es elegir uno de los servicios que más ofreces, por ejemplo, la consulta general, y desglosar sus costos. Identifica los insumos, asigna la parte proporcional de los gastos de operación y define el margen de utilidad que necesitas. Te aseguro que este ejercicio puede darte una sorpresa al descubrir cuánto te cuesta realmente abrir las puertas de tu consultorio.

Recuerda: poner precios no es adivinar; es tomar decisiones con información financiera. Ese es uno de los pasos que te ayudarán a pasar de ser un excelente médico veterinario a convertirte en un empresario que dirige una clínica rentable y sostenible.

Nos leemos la próxima semana.