La cultura de decir “ahorita”
14/10/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción Estratégica UPAEP

La palabra ahorita se ha convertido en una expresión cotidiana que puede indicar que algo sucederá en un momento cercano, en un futuro indefinido o, quizás, nunca. El ahorita no define claramente cuándo ocurrirá algo; lo que parece dar por hecho es que sucederá en algún momento determinado. Es parte de nuestra vida cotidiana y puede convertirse en una costumbre que va de lo personal a lo laboral, donde el ahorita interrumpe objetivos, retrasa metas, bloquea procesos y nos hace dejar pasar situaciones importantes que pueden trascender en la vida de las organizaciones y tener impactos en quienes hacen vivo el sistema.

Es importante atender todo aquello que forma parte de nuestras responsabilidades, de preferencia en el momento, si contamos con el tiempo para hacerlo; de lo contrario, pueden pasar días, semanas o meses posponiendo una tarea porque el ahorita consume tiempo y, al final, no se hace nada. Cada día hay más cosas por hacer y más pendientes que resolver. El ahorita se vuelve una costumbre que no permite concluir aquello que se inicia. Quizás el día termina y no nos detenemos a pensar que ese ahorita permitió que se llenara una agenda de pendientes que al día siguiente o a la semana siguiente serán cada vez más.

Esto provoca que, en las organizaciones, las acciones y los procesos se vuelvan un caos; se atienden solicitudes de último momento, se corrigen errores que nacieron de una mala planeación, se acumulan pendientes y pasan los días respondiendo aquello que se dejó para después, mientras se pierde de vista lo que realmente genera valor. Al final del día sentimos que trabajamos muchísimo, pero quizá no avanzamos en aquello que realmente podía generar valor. No se trata de estar ocupados en todo y no avanzar en nada; la vida laboral en las organizaciones no solo consiste en reaccionar, sino en ser efectivos y conseguir los objetivos que nos planteamos.

El ahorita también se puede contagiar en los sistemas y adquirir una dimensión cultural que permee de tal manera que llegue a formar parte de la cultura organizacional de los equipos de trabajo, convirtiéndose en una forma habitual de trabajar y de realizar las tareas cotidianas. Puede transformarse en un simbolismo tan cotidiano y normal que nadie diga nada: las entregas se pueden mover y mover de fecha, las bandejas de correo pueden acumular cientos de mensajes sin responder y las plataformas pueden saturarse de solicitudes no atendidas. Quizás para algunas personas esto pueda parecer irrelevante, pero puede ser tan perjudicial que llegue a modificar la disciplina laboral y, con ella, la forma en que vivimos nuestra vida personal y familiar. Lo que empieza como un simple “ahorita lo hago” puede convertirse en una manera de relacionarnos con el tiempo, con las responsabilidades y con los demás.

Modifiquemos esta práctica y seamos concretos con los días y las horas, revisemos que las tareas realmente hayan quedado finalizadas y dejemos de permitir que las acciones sean solo intenciones. Cumplamos tareas y compromisos, pongamos atención en lo importante y ayudemos a cumplir los objetivos organizacionales. Quizás necesitamos hablar menos de productividad y más de compromisos, relaciones, decisiones y oportunidades, porque decir “ahorita” puede parecer una expresión pequeña, pero cuando se convierte en una costumbre, puede terminar definiendo la manera en que trabajamos, decidimos y cumplimos.