John Henry Newman, santo
08/10/2026
Autor: Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Cargo: Profesor Investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales

El próximo viernes 9 de octubre se celebrará la festividad de un santo muy interesante y atractivo: John Henry Newman OC (es decir, miembro de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri). Newman fue un destacado teólogo y cardenal inglés, así como una de las figuras intelectuales más influyentes del siglo XIX. Tan es así, que el 1° de noviembre de 2025 (es decir, hace casi un año), el Papa León XIV lo proclamó Doctor de la Iglesia en una ceremonia solemne en Roma; un honor especial que hasta ahora solo han recibido otros 37 santos. Para que alguien pueda ser nombrado Doctor de la Iglesia, debe haber llevado una vida santa -es decir, solo los santos pueden llegar a serlo- y, además, debe existir una doctrina eminente: una enseñanza sobresaliente que ayude a la Iglesia a comprender mejor el Evangelio y que sea de suma importancia para la doctrina de la fe de la Iglesia, según explica el padre Hermann Geissler.

Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres; falleció el 11 de agosto de 1890 en Edgbaston, en la actual Birmingham. En el año 1817, Newman ingresó al Trinity College en Oxford como estudiante de teología; después de algunos pasos en su formación universitaria, recibió el diaconado en 1824 de manos del obispo anglicano Edward Legge. Al año siguiente tuvo lugar su ordenación sacerdotal en la catedral de Oxford. En 1828 se convirtió en vicario de la iglesia universitaria de St. Mary, también en Oxford.

En 1832 emprendió un viaje a Italia, que también lo llevó a Roma. Es muy interesante constatar que, precisamente a raíz de este viaje a la Ciudad Eterna, Newman comenzó a alejarse del enfoque centrado en la subjetividad propio de la teología de la piedad evangélica y se orientó hacia una concepción objetiva y sacramental de la Iglesia y del cristianismo. En este proceso, desempeñó un papel decisivo el estudio de los teólogos de la Iglesia antigua, cuya autoridad es reconocida también en la Iglesia anglicana. Junto a John Keble y Edward Bouverie Pusey, Newman se convirtió en una figura destacada del “movimiento anglo-católico”, que buscaba renovar la Iglesia de Inglaterra basándose en la doctrina y la liturgia de la Iglesia antigua.

Cuanto más evolucionaba su postura teológica desde un dogmatismo rígido de corte evangélico -derivado directamente de la Biblia- hacia una visión orgánica que aceptaba el desarrollo histórico del cuerpo doctrinal de la Iglesia (como si fuera el crecimiento a partir de una semilla), más evidente le resultaba que la Iglesia romana era la continuación verdadera y legítima de la Iglesia primitiva. Al mismo tiempo, sus viajes habían ampliado y matizado su conocimiento de la religiosidad católica.

El otro eje de su pensamiento -tanto antes como después de su conversión- fue el rechazo del liberalismo teológico, corriente que no reconoce carácter vinculante a las formulaciones dogmáticas y se refugia en la moralidad y el sentimiento.

Estas reflexiones provocaron que, tras una larga lucha interior, en octubre de 1845 fuera acogido en la Iglesia católica por Dominic Barberi. En 1847 fue ordenado sacerdote en Roma. Junto con sus compañeros, se integró en la comunidad del Oratorio, la cual estableció y dirigió en Inglaterra. Pero la vida de Newman tras su conversión -quizá como era de esperarse- estuvo marcada por la hostilidad del bando anglicano y la desconfianza del católico. En el primero se le veía como un apóstata; en el segundo, como un pensador aún dominado por categorías liberal-protestantes. Su independencia intelectual desagradaba a los “ultramontanos” ingleses (es decir, a los políticos católicos ingleses fieles a Roma). Así, Monseñor George Talbot, secretario del papa Pío IX, advirtió en una carta al cardenal Henry Edward Manning, arzobispo de Westminster, que “El Dr. Newman es el hombre más peligroso de Inglaterra”. No obstante, gracias a su gran sensibilidad pastoral, su absoluta sinceridad y su elevada talla intelectual -cualidades que se manifestaban en su correspondencia y en sus libros-, fue ganándose progresivamente el respeto y la estima de todas las partes.

Newman fue un santo que nos puede ayudar mucho en estos tiempos, debido a que no solo anticipó los desafíos a los que nos tenemos que enfrentar hoy en día, sino que también los vivió en carne propia. Son esos retos y desafíos planteados por la técnica y la ciencia, a veces fuera de control, así como el desafío del ateísmo moderno. Su gran fortaleza, subraya el padre Geissler, reside en su capacidad para ofrecer respuestas muy equilibradas y convincentes, precisamente ante los desafíos que afronta la Iglesia en la actualidad. Por eso no es nada extraño que este teólogo y filósofo inglés haya sido beatificado por Benedicto XVI -él mismo teólogo y filósofo también- en el año 2010; nueve años después, el papa Francisco lo canonizó. El papa Benedicto estableció que su festividad se celebraría el 9 de octubre, fecha de su ingreso a la Iglesia católica.

A Joseph Ratzinger le atraía Newman desde sus épocas de seminarista; le era particularmente atractiva su doctrina de la conciencia: la obediencia en la Iglesia hunde sus raíces en la libre decisión de conciencia de los miembros -recuerda el padre Geissler- y también le cautivaba la teoría de Newman sobre el desarrollo: la fe no cayó del cielo como un paquete, sino que se ha desarrollado y desplegado a lo largo de los siglos, como un organismo que crece y madura con el tiempo. Y no solo esto: a Benedicto XVI le impresionaba asimismo la valentía de Newman para defender la verdad y sufrir por ella. Para Newman, la conciencia es el eco de la voz de Dios. Por eso es que esta enseñanza influyó en personajes de la historia contemporánea que se enfrenaron con valor inusitado al mal, como los miembros del movimiento de resistencia alemán “La Rosa Blanca”, que se opusieron al criminal régimen de Adolf Hitler. Esos jóvenes universitarios conocían y valoraban los escritos de Newman. En particular, sus reflexiones sobre la conciencia, la verdad y la responsabilidad personal ante Dios fueron una fuente de inspiración importante para los hermanos Scholl y sus amigos en su resistencia contra el régimen nazi, que acabaría costándoles la vida.

Newman fue también rector universitario. Ciertamente, hay que decir que el periodo en que ejerció como rector fundador de la Catholic University of Ireland, entre 1854 y 1858, se considera una de las etapas más decisivas, pero también más conflictivas, de su vida. De esta experiencia práctica surgió su obra de filosofía de la educación, mundialmente famosa, titulada “The Idea of a University” (La idea de la universidad). Veamos ahora esta etapa.

1. El encargo y la visión

Tras la espectacular conversión de Newman del anglicanismo al catolicismo (1845), el arzobispo irlandés Paul Cullen lo convocó a Dublín en 1851. El objetivo era crear una universidad católica que ofreciera a los católicos irlandeses una formación académica de alto nivel, sin que tuvieran que adoptar la fe anglicana, como ocurría habitualmente en aquella época en las universidades estatales inglesas. Newman aportó una visión profundamente marcada por su estancia en el Oriel College de Oxford: a) Formación integral (“Liberal Education”): La universidad no debía limitarse a transmitir conocimientos técnicos o utilitarios, sino que debía cultivar el espíritu, agudizar el juicio y formar la personalidad; b) El papel de la teología: Para Newman, una universidad sin teología estaba incompleta, ya que esta es la disciplina que articula todas las demás áreas del saber y sitúa a Dios, como Creador, en el centro; c) El sistema de “colleges”: Introdujo residencias universitarias siguiendo el modelo de Oxford, donde profesores y estudiantes convivían en una comunidad estrecha.

2. Logros en Dublín

Aunque la universidad comenzó en noviembre de 1854 con solo 15 estudiantes varones, Newman impulsó iniciativas fundamentales: a) fundó una facultad de medicina que rápidamente se convirtió en la rama más exitosa de la universidad; b) contrató a profesores de renombre e instauró clases vespertinas para ciudadanos que trabajaban; c) fundó la “Literary and Historical Society” (L&H) e hizo construir la emblemática “University Church”.

3. Graves conflictos y obstáculos

El rectorado de Newman estuvo marcado desde el principio por una fuerte oposición: a) conflicto con el arzobispo Cullen, ya que, mientras Newman concebía una universidad intelectualmente libre y con participación de laicos, Cullen deseaba una institución bajo estricto control clerical, al estilo de un seminario. Cullen desconfiaba de los “aires de Oxford” de Newman y a menudo lo ignoraba a la hora de tomar decisiones; b) tensiones políticas, pues Newman era inglés y, por lo mismo, despertaba recelo entre parte del clero irlandés; c) falta de reconocimiento por parte del gobierno británico, que denegó a la universidad católica el reconocimiento oficial, por lo que esta no podía otorgar títulos con validez oficial.

4. Renuncia y legado

Agotado por las luchas administrativas, los constantes viajes entre Dublín y su Oratorio de origen en Birmingham, así como por la crónica falta de financiación, Newman presentó su renuncia al rectorado en 1858. Aunque abandonó Dublín con la sensación de haber fracasado personalmente, su rectorado resultó ser un éxito a largo plazo. Las estructuras que estableció perduraron; más tarde, los jesuitas asumieron la dirección y de allí surgió el actual University College Dublin. Las conferencias que impartió allí siguen considerándose hoy en día, a nivel mundial, una obra de referencia fundamental en la filosofía de la educación superior. Fue en virtud de este legado que John Henry Newman fue nombrado oficialmente Doctor de la Iglesia y copatrón de la educación católica por S.S. León XIV.

A través de su labor académica y literaria, así como de su conversión, Newman influyó profundamente en la vida intelectual de Inglaterra en particular y de Europa en general durante los siglos XIX y XX. Se le considera uno de los precursores de un catolicismo capaz de responder a los desafíos intelectuales de la modernidad. Por todo lo anterior, Newman -teólogo, rector y Doctor de la Iglesia- es el santo patrono de la Rectoría de la UPAEP.