La congruencia comunica
23/09/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción Estratégica UPAEP

Pareciera que pensar, decir y hacer en los seres humanos, cuando estamos inmersos en las organizaciones, es algo natural porque responde al “deber ser”, esto debería estar alineado con el corazón de las organizaciones, plasmado en su cultura organizacional, en sus propósitos, valores, misión, visión y en todo aquello que da sentido a su existencia. Porque las organizaciones las hacemos vivas las personas, resulta importante preguntarnos todos los días: ¿qué tan congruentes somos entre aquello que decimos y la manera en que actuamos?

Recordemos que todo comunica, no solo las palabras compuestas de sonidos, la comunicación es un ecosistema: decidir, priorizar, resolver, proponer, atender, escuchar, responder ante una crisis, guardar silencio o incluso la manera en que nos relacionamos con los demás también comunica.

Entonces, hablar de congruencia en las organizaciones significa responder, decir y actuar en concordancia con aquello que la organización dice ser. Si una organización promueve el respeto, por ejemplo, no deberían normalizarse diálogos con palabras altisonantes, descalificaciones, indiferencia, tonos de voz que puedan percibirse como agresivos o, incluso, el simple hecho de no responder un saludo. Son pequeños gestos que pueden parecer insignificantes, pero que, acumulados, tienen un impacto profundo en la percepción de las personas y en la credibilidad de la organización.

Por el contrario, ser consistentes, hablar con la verdad, mantener una escucha activa, reconocer que no somos perfectos y que podemos equivocarnos, mediar, conciliar, explicar las decisiones y ser solidarios puede contribuir a construir mejores relaciones y, con ellas, mejores organizaciones. No se trata de ser perfectos, siempre habrá algo que aprender, situaciones que resolver y áreas de oportunidad que atender; se trata de generar confianza y propiciar un diálogo profundo, en el que el encuentro con el otro sea posible y donde las opiniones diferentes sean valoradas y reflexionadas, en lugar de ser desestimadas simplemente porque no dicen lo que queremos escuchar.

Quiero pensar que la congruencia, al igual que la incongruencia, también se aprende y termina convirtiéndose en una forma de cultura; quienes integran una organización observan, asimilan y aprenden qué decir, qué no decir, a quién decirle qué, cómo decirlo, cuándo hacerlo y hasta en qué situaciones ser transparentes o no serlo.

¿Se trata de cuidar una imagen? Quizá, aunque también la imagen se cuida siendo congruentes, porque deberíamos estar en las organizaciones con las que nos identificamos, aquellas cuya filosofía de vida estamos dispuestos a compartir y, sobre todo, a vivir; una cultura organizacional va mucho más allá de un discurso escrito en un soporte material.

La congruencia no significa pensar, decir y hacer exactamente lo mismo en todo momento, tampoco significa perfección, ya que todas las personas atravesamos situaciones difíciles, cambios inesperados, experiencias positivas y negativas, áreas de oportunidad, aceptación o rechazo dentro de los equipos de trabajo, somos humanos y las circunstancias también nos transforman.

Pero la congruencia es amiga de la humildad, de la honestidad, del deseo de ser cada día mejores, de tratar bien a los otros y de actuar desde la verdad, así lo veo yo. De poco sirven los grandes discursos de liderazgo si no están acompañados de congruencia. Los liderazgos requieren vínculos honestos entre los principios que se declaran y las acciones que se realizan, incluso reconocer un sencillo “me equivoqué” puede ser uno de los actos más congruentes que una persona puede tener. La manera en que tratamos a las personas, escuchamos posturas diferentes, enfrentamos los errores y tomamos decisiones revela mucho más de una organización que cualquier declaración de valores; la pregunta es si realmente hacemos nuestros esos valores o si solo los vivimos frente a determinados grupos o personas.

Es precisamente en esas pequeñas y grandes respuestas cotidianas donde la cultura organizacional se construye, porque hay que decir quiénes somos, pero también hay que demostrarlo. Nunca debemos olvidar que las palabras pueden expresar una intención, pero los comportamientos revelan una cultura y también revelan nuestra educación.