Hoy desde TUHISTORIA nos seguimos sorprendiendo de que, en numerosas publicaciones de estos días, incluso oficiales, se hacen referencias a la afirmación de un proceso de independencia del Virreinato de la Nueva España contando desde el 16 de septiembre de 1810 en la conocida Arenga de Dolores, popularmente mencionada como Grito de Dolores. Por si existieran dudas, vemos cómo se cita en dichas propuestas aspectos como “216 Aniversario de la Independencia de México (1810-2026)”. Si tenemos en cuenta que la Independencia del Virreinato de la Nueva España fue el 27 de septiembre de 1821 bajo el mando de Agustín de Iturbide, estamos conmemorando y celebrando realmente el 205 Aniversario de la Independencia de México.
Alejados de historias de buenos contra malos, de conservadores frente a liberales, de peticiones de disculpas por agravios contra felicitaciones por gestas civilizadoras… nos centraremos en algunos de los rostros más desconocidos de un contexto histórico donde, tras la Invasión napoleónica de 1808 (sin olvidar a Francisco Primo Verdad, Fray Melchor de Talamantes y J.F. Azcárate), una mujer puso voz y estandarte en Nueva España a un movimiento en defensa de la libertad frente a Napoleón I Bonaparte.
Como propone el gran investigador Tomás Pérez Vejo, las independencias no fueron buscadas, sino que fueron consecuencia de la Invasión napoleónica y por tanto debemos hablar en Nueva España de una Guerra Civil. Dejando atrás el acto de Dolores, en el contexto de 1810 y al amanecer del 16 de septiembre de 1810 las tropas comandadas por Don Miguel Hidalgo y Costilla llegan a Atotonilco. Pese a la propuesta de las denominadas Banderas Gemelas de Allende (dos banderas con la Virgen de Guadalupe y las Armas de México) estas no llegaron en ese momento a ser las principales. La lucha armada se enfrentó a Napoleón con los famosos vítores de Hidalgo: “¡Viva la religión católica!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva la América por la cual vamos a combatir! y ¡Viva Fernando VII, muerte al mal gobierno!”. En resumidas cuentas, fue un “¡Por Dios, por la Patria y el Rey!” dentro de una monarquía católica tradicionalista. Sí, puede sorprenderse alguien de que Hidalgo defendiera dichos principios, pero debemos recordar que era español americano mientras los peninsulares eran españoles europeos, al fin y al cabo, todos eran españoles en ese momento.
La Guerra Civil se acentuaba en el horizonte y a medio palmo frente al suelo, hermano contra hermano, donde la palabra traidor era la peor espada de la peor pluma a la que uno podría enfrentarse. Las potencias enfrentadas a Hispanoamérica (Francia, Gran Bretaña…) afilaban sus cuchillos ante tal oportunidad gestada. Napoleón, bebiendo de la Revolución Francesa antimonárquica, de la Guerra de la Vendée anticatólica, de las aspiraciones imperiales donde ahí sí no se atendía a una forma de gobierno republicana y de llevar a base de bayoneta armada los principios de Liberté, Égalité, Fraternité que solo podían ser entendidos desde su mando y acción… podía llegar en cualquier momento para tomar la mayor joya de la corona de toda la monarquía católica, Ciudad de México.
Presos de la incertidumbre, la división, el miedo… pero también del valor, la lealtad, la belleza y el bien; se centraron en Nueva España en reconocer el derecho castellano ante esta situación no sin otra acción legal que la debida: realizar una junta de autogobierno en defensa de la religión y el rey pues eran un virreinato y no una colonia que tuviera que estar centralizada en una junta peninsular. Desde 1808 comenzaron los pulsos por la legitimidad. El propio Fray Melchor de Talamantes, sintiendo la incipiente división interna alertó de un enemigo real: Es de muy temer que los ingleses, que no conocen límites en su ambición y mala fe, tampoco quieran conocerlos en sus posesiones y que si la España no se aprovecha prontamente de las proporciones que se le presentan se vea despojada con el tiempo de la provincia de Texas, abriendo las puertas de sus preciosos dominios a unos vecinos inquietos, turbulentos y demasiado formidables por sus miras ambiciosas […]
Llegados al 16 de septiembre de 1810, en ese escenario de sumo interés en la historia mundial con el que iniciamos este texto (dejando atrás la Parroquia de Dolores y llegados a Atotonilco), una mujer, doña Ramona Zapata, realizó un acto que merece ser recordado. En una sala de la Parroquia de Jesús Nazareno, tomaban un chocolate Allende, Hidalgo, Aldama, Abasolo… a modo de descanso junto a sus tropas. Un ranchero se acercó a ella, beata que vivía en el lugar, y le pidió una estampa de la Virgen de Guadalupe que pusieron en un palo de tendedero de ropa. A continuación, salieron con ella gritando: ¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe y mueran los gachupines! Es decir, se anticiparon al reconocido como Estandarte de Miguel Hidalgo que comentaremos a continuación. Otra mujer testigo de todo ello, doña Juana González, dijo que “al oír aquel estrépito y clamoreo, salieron Allende e Hidalgo, con el padre capellán y otros, …atendiendo al entusiasmo que se apoderó de aquellas gentes”. ¡Qué poco hemos reconocido a estas mujeres que soñaron un mundo mejor amparadas junto a una Madre que lleva por nombre Guadalupe! Será a continuación cuando tenemos documentadas en el mismo día dos posibles acciones a determinar: o Miguel Hidalgo mandó bajar, o le fue entregado, un cuadro de la Virgen de Guadalupe de Andrés López de 1805 que estaba en la sacristía y que fue izado como el conocido Estandarte de Miguel Hidalgo. Se convirtió así en una iconografía de poder oficial guadalupana al frente de las tropas insurgentes y frente al citado como impío Napoleón. No debemos confundir el Estandarte de Hidalgo con el posterior Blasón de Hidalgo, ambos se encuentran en el Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec en Ciudad de México.
A 205 años de la popularmente denominada Independencia de México y a 216 años de la Arenga de Dolores, reconocemos a tantas mujeres que hoy siguen siendo desconocidas para muchos de nosotros y que dieron su vida, como tantos otros hombres, bajo el amparo y custodia de la propia Virgen de Guadalupe por un mundo mejor. ¡Viva México!










