La salud mental también debería estar en el proceso de contratación
11/03/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción UPAEP

El trabajo cotidiano en las organizaciones suele generar en quienes las integran desgaste mental, cansancio físico y niveles importantes de estrés. Sin embargo, aun en medio de las exigencias propias del entorno laboral, lo ideal sería que los roles que desempeñan las personas también generen satisfacción, reconocimiento de sus capacidades y sentido de logro. Para ello, resulta fundamental que quienes forman parte de una organización puedan compartir un ambiente de bienestar emocional, psicológico y social, donde existan vínculos e interacciones sanas que favorezcan pensamientos constructivos, acciones responsables y un manejo saludable del estrés.

La salud mental permite a las personas mantener un estado de equilibrio que favorece la resiliencia, la calidad de las relaciones y el funcionamiento adecuado dentro de los equipos de trabajo. Cuando este equilibrio existe, es más probable que los colaboradores enfrenten los desafíos cotidianos con mayor claridad, capacidad de diálogo y disposición para colaborar.

Esto lleva a una reflexión inevitable: ¿debería la salud mental formar parte de los procesos de contratación en las organizaciones? Tradicionalmente, los procesos de selección se enfocan en evaluar la formación académica, la experiencia laboral y, en algunos casos, determinadas competencias técnicas o de liderazgo. No obstante, con frecuencia se deja en segundo plano un aspecto que influye de manera directa en la dinámica laboral: el bienestar psicológico de las personas.

La forma en que una persona gestiona sus emociones, enfrenta la presión, resuelve conflictos o se relaciona con otros tiene un impacto directo en el ambiente de trabajo. Las decisiones que se toman, el trato hacia los compañeros, la disposición para colaborar y la manera de resolver desacuerdos que están profundamente vinculadas con el equilibrio emocional de quienes integran los equipos.

Las organizaciones están formadas por personas, y estas necesitan contar con herramientas emocionales que les permitan manejar adecuadamente las presiones del entorno laboral. Esto implica también la capacidad de distinguir entre los distintos ámbitos de la vida, evitando que las tensiones personales o familiares se trasladen al espacio de trabajo de manera constante. Cuando esto no sucede, el clima organizacional puede verse afectado, generando tensiones que terminan impactando en la productividad, el cumplimiento de objetivos, la reputación institucional e incluso en la motivación de los equipos.

Por ello, resulta necesario que las organizaciones dimensionen el valor del bienestar psicológico dentro de la gestión del talento humano. Esto no significa convertir los procesos de contratación en evaluaciones clínicas, sino incorporar herramientas que permitan conocer mejor a las personas: su capacidad para trabajar en equipo, su manejo del estrés, su inteligencia emocional y su disposición para construir relaciones laborales saludables.

Incorporar esta mirada en los procesos de selección puede ayudar a prevenir muchos de los conflictos que posteriormente afectan la dinámica organizacional. Las personas con habilidades socioemocionales desarrolladas capaces de comunicarse, escuchar y gestionar desacuerdos contribuyen a fortalecer el clima laboral y a construir entornos de trabajo más colaborativos y productivos.

Cuidar estos aspectos desde el momento de la contratación no solo beneficia a quienes integran la organización, sino que también fortalece su cultura organizacional. Al final, las organizaciones no solo necesitan talento y conocimiento técnico; también requieren personas capaces de construir relaciones sanas, gestionar sus emociones y contribuir al bienestar colectivo dentro del espacio de trabajo.