La pregunta por Dios. Apuntes de persona y trascendencia (I)
11/03/2026
Autor: Mtro. Carlos Ramos Rosete
Cargo: Profesor de Formación Humanista

Todo ser humano tiene inicialmente un conocimiento de Dios y de lo divino por dos medios:

Primero, todo ser humano nace en una tradición cultural en donde se habla de Dios o lo divino, en este sentido, las religiones dan testimonio de Dios y no resultan indiferentes para cualquier persona, sea en una actitud de rechazo a la religión en la vida personal, sea en una actitud de aceptación de la religión en la vida personal.

Segundo, parecería que en el ser humano existe una especie de sentido religioso que lo lleva a plantearse el problema de Dios. Lo anterior estaría perfectamente justificado en el caso de que sea verdad que el ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios, pues tal sentido religioso únicamente estaría moviendo al ser humano hacia su fundamento último. En este aspecto, Dios es una cuestión que germina en la estructura humana a modo de tendencia que lleva al mismo ser humano hacia la búsqueda y encuentro con Dios. Una tendencia que puede compararse, aunque no igualarse, con las tendencias humanas de: buscar alimento y agua, buscar el encuentro sexual, o bien la tendencia infantil que busca espontáneamente el juego.

Dios no sólo es un problema intelectual sino humano, es decir, si Dios es un problema intelectual es porque ante todo es una cuestión humana. Dicho de otro modo, Dios no es una cuestión humana porque sea un problema intelectual (esto es racionalismo deísta), sino más bien, Dios es un problema intelectual porque ante todo es una cuestión humana a como lo apunta José Antonio Sayés;

“El problema de Dios se plantea desde la misma experiencia del hombre, en cuanto que la pregunta sobre Dios no es nunca una pregunta exterior y distante de la propia experiencia, sino que arranca de la pregunta sobre sí mismo y sobre el sentido de la vida humana, a la par que sobre el origen de la de la existencia del mundo que nos rodea. Si el hombre se plantea el problema de Dios, es porque se plantea el problema de su propia vida, el sentido de su propia existencia”. (Ciencia, ateísmo y Fe en Dios. p. 21)

Dios, como cuestión humana, interpela a toda la dimensión y estructura humana de manera total, Dios no se presenta en lo humano como una simple idea a-priori de la razón a como lo plantea el racionalismo Kantiano. Más bien, Dios se presenta en el horizonte humano con una pretensión de infinitud con carácter de absoluto que incluye a todo lo humano en todas sus dimensiones: la intelectiva, la volitiva, la emotiva, etc.

BIBLIOGRAFÍA:

José Antonio Sayés. Ciencia, ateísmo y fe en Dios. Eunsa. Navarra. 1994