En una columna previa, hablamos de cómo el biomimetismo ha permitido comprender la movilidad de animales fascinantes en medios granulares. La materia granular es fundamental para estudiar el equilibrio, la estabilidad y la dinámica de las avalanchas. Materiales como la arena seca pueden comportarse como sólidos, líquidos o gases, según la cantidad de energía y las fuerzas que reciban.
Mientras que animales como el lagarto de arena destacan por desplazarse con fluidez a través de la arena, las larvas de la hormiga león dominan la inestabilidad de los granos en reposo, provocando avalanchas para cazar a sus presas y alimentarse. Esto las convierte en una de las depredadores más ingeniosas y pacientes del reino animal. En su etapa larvaria, la hormiga león excava fosas cónicas con sus patas traseras y realiza movimientos en espiral hacia atrás. Este movimiento le permite separar los granos por tamaño: expulsa los más grandes fuera del cono, mientras que los más finos se reacomodan contra las paredes internas.
La hormiga león también usa su cabeza para arrojar material y construir las paredes de un cono invertido cuyo ángulo de la pendiente oscila entre 30° y 35°. En materia granular, este rango se conoce como ángulo de reposo: una condición de cuasi equilibrio en la que el cono se mantendrá estable mientras no haya perturbaciones. Así, cuando sus presas caminan por el borde del cono, desplazan material y alteran el ángulo de reposo. Esto modifica las cadenas de esfuerzo y provoca una mini avalancha dentro del cono, que arrastra a la presa hacia la parte inferior, donde se encuentra la hormiga león con las mandíbulas abiertas.
Comprender la distribución de las cadenas de esfuerzo para estabilizar pilas de granos ha transformado la ingeniería de protección de infraestructuras y de asentamientos humanos en zonas montañosas. Por ejemplo, en el desarrollo de diques de desviación para poblaciones situadas al pie de montañas con riesgo frecuente de avalanchas, se instalan estructuras alargadas en ángulos oblicuos respecto a la trayectoria del deslizamiento para desviar el flujo hacia zonas no habitadas.
Del mismo modo, este conocimiento respalda la elaboración de rampas de frenado: sistemas de seguridad vial diseñados con lechos granulares para detener de forma segura a vehículos sin frenos durante un descenso pronunciado.










