Nuestras manos son casi idénticas, pero no son superponibles; por ello, la izquierda no encaja en un guante derecho. Esa propiedad se llama quiralidad y la comparten muchas moléculas que pueden existir en dos formas: los enantiómeros, con la misma composición, pero distinta orientación en el espacio. En química, y sobre todo en biología, esa diferencia importa mucho. Un enantiómero puede ser un medicamento eficaz, pero su imagen en el espejo puede ser dañina, aun si no está activa.
El Premio Nobel de Química 2026 reconoció a Henri B. Kagan (Francia) y Kenso Soai (Japón) por sus aportaciones a la síntesis orgánica asimétrica. Descubrieron fenómenos que permiten amplificar la formación de una de las dos formas especulares de una molécula. Sus trabajos ayudan a entender cómo puede surgir la homoquiralidad, que es la preferencia casi absoluta que la naturaleza tiene por una sola mano molecular. Por ejemplo, los aminoácidos de nuestras proteínas son casi todos izquierdos, mientras que los azúcares de nuestro ADN son derechos.
Kagan mostró que la relación entre la pureza quiral de un catalizador y la del producto no tiene por qué ser proporcional; es decir, una pequeña diferencia en el sistema catalítico produce una diferencia mucho mayor en el resultado. Por su parte, Soai halló un sistema en el que el propio producto participa en la catálisis. Así, la asimetría se autoamplifica, pues una ventaja inicial mínima crece hasta convertirse en una diferencia enorme. Sin embargo, es importante especificar que estos trabajos no demuestran el surgimiento de la homoquiralidad; lo que nos dicen es que un mecanismo de ese tipo es químicamente posible.
Este premio da continuidad a una línea de investigación que ha sido reconocida ampliamente en los últimos 25 años. En 2001, el Nobel de Química reconoció que podemos controlar la formación de enantiómeros mediante catalizadores quirales, mientras que, en 2021, el premio se otorgó a quienes ampliaron las herramientas para lograrla mediante la organocatálisis asimétrica. Lo anterior suena a ciencia básica; sin lugar a dudas, lo es, pero puede catalogarse como teoría aplicable. Kagan y Soai han trabajado durante décadas movidos por preguntas fundamentales sobre la quiralidad que surgen, por ejemplo, en la fabricación de medicamentos. Es decir, sus hallazgos van a transformar directamente la industria farmacéutica.
Finalmente, es importante notar la interdisciplinariedad entre las ciencias. En los últimos años, el Nobel de Química se ha enfocado en reconocer trabajos químicos sobre problemas de la biología. Específicamente, se han premiado trabajos en criomicroscopía (2017), la evolución dirigida de enzimas (2018), CRISPR (2020), la química clic y bioortogonal (2022) y el diseño de proteínas (2024). Es decir, entender la composición de las moléculas nos ayuda a generar mecanismos que mejoren su función.










