El huésped oculto: el virus de Epstein-Barr y su relación con el cáncer
30/09/2026
Autor: Ma. del Rocío Baños Lara y Andrea Reyes Cuevas
Cargo: Directora del Centro de Investigación Oncológica Una Nueva Esperanza UPAEP / Facultad de Medicina

¿Sabías que existe un virus oncogénico que es tan común que ha infectado al menos 95% de la población mundial?

El virus de Epstein Barr (VEB) tiene un genoma de ADN de doble cadena y pertenece a la familia γ-herpesvirus. Fue descrito por primera vez en células tumorales derivadas del linfoma de Burkitt, en 1964, por los científicos británicos Michael Anthony Epstein, Yvonne M. Barr y Bert G. Achong.

El VEB es conocido por causar mononucleosis infecciosa o también llamada “enfermedad del beso”, caracterizada por síntomas como fiebre, dolor de garganta, sarpullido e inflamación de ganglios linfáticos cervicales; afecta con mayor frecuencia a adolescentes y adultos jóvenes. El medio de contagio es la saliva, por lo que se transmite al compartir objetos personales o tener contacto íntimo con una persona infectada por el VEB. La puerta de entrada al organismo es la orofaringe, donde infecta a los linfocitos B y se activa para iniciar su replicación e infectar más células o quedarse en latencia, es decir, sin replicarse. El VEB se vuelve a activar en condiciones de estrés, infección o inmunosupresión.

Cuando el virus se encuentra en latencia se puede asociar con el desarrollo de neoplasias malignas: cánceres epiteliales y linfoides (linfoma de Burkitt, la enfermedad de Hodgkin), carcinoma nasofaríngeo y la enfermedad linfoproliferativa post-trasplante.

Cabe destacar que el VEB en su forma oncogénica contribuye aproximadamente al 1% de todos los cánceres humanos a nivel mundial, lo que subraya la importancia de su estudio.

Su relación con el cáncer

Cuando el virus se adentra en la célula que parasita, une su material genético a los cromosomas de la célula hospedera; de ahí, el virus puede seguir dos vías: permanecer en estado de latencia o iniciar su replicación e infectar. Este virus tiene la capacidad de evadir el sistema inmune al disminuir la producción de partículas virales, suprimir citocinas y apagar las vías de la inmunidad innata. Además, la participación de proteínas virales (EBNA1, LMP1, LMP2) puede hacer que una célula infectada sobreviva y se multiplique cuando normalmente debería detenerse o morir, propiciando alteraciones genómicas dentro de las células hospederas, facilitando el inicio, la progresión y proliferación de neoplasias malignas.

La capacidad oncogénica del VEB se debe a que este puede modificar la actividad de los genes de la célula hospedera mediante mecanismos llamados cambios epigenéticos, los cuales pueden modificar la manera en que determinados genes se "encienden" o "apagan". Entre estos mecanismos se encuentran la metilación del ADN, modificaciones de las histonas y la acción de microARNs.

¿Vivir con VEB significa que desarrollaremos cáncer?

El VEB es un virus extremadamente común, la mayoría de las personas se infectan en algún momento de su vida y permanecen asintomáticas. El virus puede contribuir al desarrollo de algunos tipos de cáncer, pero generalmente se necesitan otros factores para que una célula infectada se transforme en cancerosa. Es como tener una pieza de un rompecabezas: el virus puede ser una pieza necesaria, pero por sí solo no completa el rompecabezas. Por lo que estar infectado con el VEB no equivale a tener cáncer ni necesariamente desarrollarlo más adelante.

El futuro en la investigación

Comprender la relación entre el VEB y el cáncer representa una oportunidad importante para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento. Actualmente, los esfuerzos científicos se dirigen hacia el diseño de vacunas capaces de prevenir la infección o reducir su persistencia en el organismo, utilizando la proteína viral EBNA; así como la identificación de nuevos métodos diagnósticos que permitan detectar el virus y sus alteraciones de manera más temprana y precisa, como el uso de nanopartículas y tecnología de ARN mensajero, mostrando un campo de investigación prometedor. Al mismo tiempo, comprender con mayor precisión cómo el virus interactúa con las células humanas podría conducir al desarrollo de tratamientos dirigidos que interfieran con los mecanismos responsables de su permanencia en el organismo y su participación en enfermedades como el cáncer. Si bien, aún quedan preguntas por responder, cada descubrimiento acerca a la meta fundamental: desarrollar herramientas que permitan anticiparse a la infección y así poder prevenir el cáncer al que este virus contribuye.

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