Magnanimidad, prudencia, congruencia y espíritu de servicio: compromiso de los directivos UPAEP
17/08/2026
Autor: Red Directiva
Foto: Misraim Álvarez Bolaños

Presentamos a continuación un texto que resume el compromiso asumido ante la Comunidad Universitaria por el Rector, Dr. Jorge Medina Delgadillo, y su equipo más cercano, la Red Directiva, al inicio de la nueva gestión

“¿Cómo debe ser el Rector? ¿Cómo debe ser el equipo del Rector?”, se preguntó Monseñor Felipe Pozos, apenas unos días atrás, en su homilía pronunciada durante la misa previa a la investidura de nuestro nuevo Rector. Una reflexión pertinente, que interroga de manera profunda a la Red Directiva, a quienes colaboramos más de cerca con el Dr. Jorge Medina Delgadillo.

Citando a San Pablo, don Felipe dio su propia respuesta: “Compasivos, humildes, afables, pacientes; sopórtense mutuamente, perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes; y, sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión”.

“Este es un programa de vida para todo el equipo, para todos los directivos. Si verdaderamente creemos que esta es una Universidad católica, tenemos que creer que el Señor es el centro y la obra es del Señor”, añadió.

Palabras providenciales, las de Mons. Pozos, ya que pocos días antes la Red Directiva y el nuevo Rector, reflexionamos juntos sobre cuál debe ser el compromiso de este equipo hacia la Comunidad Universitaria, en esta nueva administración que apenas comienza.

“¿Cuáles serán los valores que nos impulsarán? ¿Qué puede esperar la comunidad de nosotros?”, nos cuestionó el Dr. Medina, para abrir la conversación. Las opiniones fueron libres y variadas; al final decidimos juntos. A continuación, se presenta el compromiso de los directivos de UPAEP, en cuatro palabras y sus descripciones breves:

  1. Magnanimidad: Pensar en grande y decidir siempre en función del bien mayor de la Universidad, incluso cuando ello implique ceder intereses o beneficios de mi propia área. Es la generosidad de quien aspira a la excelencia, busca lo mejor para todos y no se conforma con hacer simplemente lo suficiente.
  2. Prudencia: Ver, juzgar y actuar en ese orden. Es la virtud de quien busca los datos antes de opinar, escucha el contexto completo antes de decidir y sabe esperar cuando es lo correcto.
  3. Congruencia: Mantener unidad entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Es lo que convierte los acuerdos de la Junta en acciones concretas y hace que nuestra palabra tenga credibilidad y peso ante toda la comunidad.
  4. Actitud de servicio: La autoridad no se ejerce para ser atendido, sino para hacer posible el trabajo de los demás. Servir es quitar obstáculos, estar disponible y responder: la forma más concreta de liderar.

Durante el diálogo, otros conceptos importantes se pusieron sobre la mesa. Por ejemplo, vinculado con la magnanimidad, se ubicó el profesionalismo, entendido como hacer bien lo que toca, a tiempo y con calidad, sin necesidad de ser supervisado. También la audacia, para atreverse a proponer, a intentar y a equivocarse con responsabilidad.

Con la prudencia se relacionó la escucha, el ejercicio de oír para comprender, no para responder; y la empatía, para ver primero a las personas antes que el puesto, interesarse genuinamente por ellos.

Con la congruencia y la actitud de servicio se identificó la humildad, como aquella capacidad de reconocer los propios errores y aceptar que la mejor idea puede venir de cualquier lugar de la organización. También a la alegría y al buen ánimo, como formas eficaces de liderazgo.

Este compromiso del Rector y la Red Directiva desea ser más que una simple carta de intenciones, debe reflejarse en actitudes concretas, en pequeños y grandes gestos. Es un compromiso con los estudiantes, los profesores, los colaboradores y el gobierno de la Universidad. En resumen: con toda la comunidad.

Así, en cierta manera, daremos cuenta de aquello que Monseñor Felipe subrayó en su homilía: “el rigor científico y la excelencia académica sí son importantes, pero, ante todo, en una Universidad católica, Cristo debe ser el centro”.

Y, parafraseando al Papa León XIV, recordó que es tarea de los directivos recordar siempre: “todos los jóvenes que vienen a la Universidad, todos los estudiantes, están hechos para el Cielo. La meta no es una licenciatura, una maestría ni un doctorado; esas son etapas, pero la verdadera meta es que lleguen al Cielo”.