El ensayo ganador del 1er lugar, escrito por Ximena Valentina Carreño Vargas, del Colegio Montefalco, plantea una reflexión sobre la cooperación internacional, la justicia climática y los retos para alcanzar un desarrollo sostenible.
Compartimos uno de los tres ensayos ganadores de la segunda edición del Concurso de Ensayo para Preparatorias Perspectiva Global Águila, una iniciativa de la Escuela de Relaciones Internacionales de UPAEP que promueve el pensamiento crítico y el análisis de los principales desafíos internacionales.
En esta edición se recibieron más de 35 ensayos, en los que estudiantes de preparatoria abordaron temas como el papel de México en un mundo cada vez más dividido, la regulación internacional de las redes sociales y la inteligencia artificial, la cooperación frente al cambio climático y la respuesta de la comunidad internacional ante la migración.
Todos los trabajos fueron evaluados mediante un proceso de dictaminación a doble ciego por profesores de la Escuela de Relaciones Internacionales.
¿Cómo deberían cooperar los países para enfrentar el cambio climático sin sacrificar su desarrollo?
El cambio climático es uno de los mayores desafíos en el siglo XXI, por todas sus consecuencias ambientales, económicas y sociales que presenta a nivel global. El aumento de temperatura, los desastres naturales y la pérdida de biodiversidad afectan a millones de poblaciones todos los días, en especial a las más vulnerables que no disponen de los recursos suficientes. Cual sea la problemática, es un problema que debemos de enfrentar antes que sea demasiado tarde antes y la situación sea irreversible, pero las capacidades para enfrentarlo varia en todos los países. En cuanto a los países de primer mundo, han sido históricamente los principales emisores de contaminantes durante su desarrollo; muchas naciones en desarrollo constante, aún dependen de actividades que generan contaminación para fomentar su crecimiento económico y mitigar la pobreza. Esta desigualdad, ha propiciado un debate a nivel internacional acerca de la manera más equitativa y eficaz de abordar el cambio climático.
En este sentido, la colaboración entre las naciones debería de empezar a implementarse en una responsabilidad compartida, con el propósito de que todas las naciones puedan dirigirse a un desarrollo sostenible sin sacrificar recursos económicos y sociales. El presente ensayo sostiene que la cooperación internacional debía de abandonar el modelo de “responsabilidad uniforme” y adoptar un esquema de justicia climática que se base en la transferencia tecnológica, el financiamiento verde a gran escala y el reconocimiento de las responsabilidades comunes pero diferenciadas. Solo a través de un acuerdo que no nos obligue a elegir entre las necesidades actuales y la sostenibilidad futura, así podemos asegurar la continuidad del sistema internacional.
Para entender la complejidad del asunto, primero debemos de conocer a los principales causantes del problema y quienes son los más propensos a sufrir sus consecuencias. Desde la Revolución Industrial, las naciones del Norte Global (Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Israel, Australia y Nueva Zelanda) han cimentado su predominio económico en el uso de combustibles fósiles, algo que es perjudicial ya que su “deuda ecológica”, según Ecoembes (2023) la define como “la diferencia de los recursos naturales creados y los consumidos que genera un país”, repercute en el cambio climático y afecta principalmente a los países en desarrollo, ya que la mayor parte de los gases que se emiten son de efecto invernadero, consecuencia de la sobreexplotación de recursos. Los países en desarrollo dependen de la extracción de recursos naturales o industrias masivas para poder sacar a delante a millones de personas en situación de pobreza, y si la comunidad internacional, en específico los países industrializados, ponen restricciones severas a las emisiones sin ofrecer mecanismos de compensación, existe la posibilidad de que se perpetué el subdesarrollo. Por ello la cooperación debe, partir de la equidad, reconociendo que los países en desarrollo tienen derecho a un espacio para crecer económicamente, igual que lo tuvieron los países ricos en su momento.
Hay que destacar el contraste geopolítico en el caso de China e India frente la Unión Europea; mientras que la Unión Europea ha logrado construir su infraestructura básica utilizando energía fósil barata durante el siglo XX, China e India se encuentran en una fase donde su desarrollo y crecimiento económico es el motor principal para sacar a millones de personas de la pobreza, más a parte que China es el mayor emisor de gases de efecto invernadero, que son, en parte, el resultado de producir bienes para las naciones del Norte Global, sin embargo también es el mayor inversor en energías renovables.
El derecho al desarrollo es un principio reconocido internacionalmente que no puede ser ignorado, más si es enfocado en áreas de la protección ambiental. Para los países del Sur Global, el crecimiento económico no es un lujo, sino una herramienta de supervivencia. Sin embargo, el modelo tradicional de industrialización, basado en la quema de combustibles fósiles, ha llegado a un límite impuesto por la capacidad de carga de la atmósfera. La pregunta central es: ¿Cómo podemos cooperar sin comprometer el desarrollo de los países menos dotados si se les limita a usar fuentes de energía baratas y accesibles que los países industrializados usaron durante siglos?, desde mi perspectiva, la respuesta la encontramos en el concepto de “desacoplamiento”, porque el progreso económico y la protección ambiental no tienen que ser enemigos; ambos pueden avanzar juntos. Sin embargo, este progreso, no ocurre de manera espontánea, para que este proceso sea justo y los países emergentes no sacrifiquen el desarrollo, la cooperación internacional debe de centrarse en varios puntos.
Hay que recalcar que según United Nations (1992) “El objetivo principal de la ‘Cumbre para la Tierra’ de Río fue producir una agenda amplia y un nuevo plan para la acción internacional sobre cuestiones ambientales y de desarrollo que ayudaría a orientar la cooperación internacional y la política de desarrollo en el siglo XXI.”
De este modo concepto de desarrollo sostenible es alcanzable para todas las personas en el mundo, independientemente de su situación, modificando la percepción en la forma que producimos, consumimos y tomamos decisiones.
Primero, la transferencia de tecnología verde, al buscar opciones sustentables enfocadas en el uso de energías renovables y en el enfoque energético, “puede ayudar a mitigar las emisiones y reducir la huella de carbono de los países y las compañías. Pueden conservar recursos, preservar la biodiversidad y reducir la alteración del ecosistema” (McGrath & Jonker, s.f.). Pero no solo se trata de compra-venta de paneles solares o turbinas solares, sino que los países ricos que al poseer esta tecnología puedan aumentar el apoyo hacia los países en etapa de desarrollo establecido en el Acuerdo de París.
Para continuar, una de las mayores barreras es el acceso a capital, mientras que un país desarrollado puede obtener préstamos con tasas de interés muy bajas para sus proyectos verdes, los países en desarrollo suelen enfrentar “primas de riesgo” elevadas que encarecen cualquier transición. Es por ello que en el Acuerdo de París “los países desarrollados deben tomar la iniciativa en la prestación de asistencia financiera a los países menos dotados (…) ya que se necesitan importantes recursos (…) y reducir los efectos de un clima cambiante.” (UNFCCC, s.f.)
Finalmente, la cooperación debe fomentar el leapfrogging, Este concepto sugiere que los países en desarrollo no tienen por qué repetir las etapas contaminantes que se observan en la historia de Europa o Estados Unidos. De manera similar a cómo muchas comunidades rurales en México o en África transitaron directamente de la ausencia de teléfono al uso de celulares inteligentes, sin requerir la infraestructura de cableado de cobre, los países pueden adoptar directamente la energía solar y la movilidad eléctrica. No obstante, esto solo será factible si se cuenta con el apoyo internacional necesario para mitigar los riesgos asociados a la inversión inicial.
Para enfrentar el cambio climático de manera efectiva, propongo las siguientes acciones específicas dentro de un marco de gobernanza global:
Considero fundamentalmente una regulación estricta de los mercados de bonos de carbono. Actualmente, observamos que diversas empresas en naciones desarrolladas adquieren “créditos” en el Sur Global, lo que les permite continuar con sus emisiones, es por ello que una cooperación equitativa exigiría que una parte significativa de esos ingresos se destine directamente a la infraestructura de adaptación en las comunidades más vulnerables, asegurando que el capital fluya hacia donde más se necesita.
Para concluir, en la era actual, la Inteligencia Artificial (IA) presenta un papel ambivalente. Por un lado, su huella hídrica y energética para el enfriamiento de los centros de datos es un motivo de preocupación, por otro lado, es una herramienta indispensable para el pronóstico del clima y optimizar las redes eléctricas. En este sentido la cooperación internacional debería incluir el uso ético de la Inteligencia Artificial con un algoritmo de predicción climático para beneficiar a los países con menos recursos, anticipando desastres naturales y salvaguardar su infraestructura de desarrollo.
La crisis climática es el examen final de nuestra civilización. Cooperar sin sacrificar el desarrollo es posible, pero se necesita de muchos esfuerzos para lograrlo, debemos de transitar de la competencia por los recursos, a la solidaridad por la supervivencia. Si los países ricos no ponen de su parte al desarrollo sostenible de los países pobres, las consecuencias (migraciones masivas, conflictos por agua, colapso de mercados) derribaran las barreras. Una de las maneras más eficaces de abordar esta problemática es mediante una organización internacional que priorice la equidad, financie la innovación en el Sur y sea capaz de comprender que el desarrollo y la ecología son, en última instancia, dos caras de la misma moneda.
Referencias
- Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. (s.f.). El Acuerdo de París. https://unfccc.int/es/acerca-de-las-ndc/el-acuerdo-de-paris
- McGrath & Jonker (s.f.) Green technology. https://www.ibm.com/mx-es/think/topics/green-technology
- Reduce Reutiliza Recicla. (2023). Deuda ecológica: ¿Qué es y qué podemos hacer? https://reducereutilizarecicla.org/deuda-ecologica/
- United Nations. (1992). Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, Brasil, 3 a 14 de junio de 1992. https://www.un.org/en/conferences/environment/rio1992










