La migración: Del rechazo al progreso
04/08/2026
Autor: Ximena Martínez Ríos

El ensayo ganador del 2do lugar, escrito por Ximena Martínez Ríos, del Colegio Ipanti Oaxaca, plantea una reflexión sobre la migración como fenómeno social y una oportunidad para impulsar el desarrollo.

Compartimos uno de los tres ensayos ganadores de la segunda edición del Concurso de Ensayo para Preparatorias Perspectiva Global Águila, una iniciativa de la Escuela de Relaciones Internacionales de UPAEP que promueve el pensamiento crítico y el análisis de los principales desafíos internacionales.

En esta edición se recibieron más de 35 ensayos, en los que estudiantes de preparatoria abordaron temas como el papel de México en un mundo cada vez más dividido, la regulación internacional de las redes sociales y la inteligencia artificial, la cooperación frente al cambio climático y la respuesta de la comunidad internacional ante la migración.

Todos los trabajos fueron evaluados mediante un proceso de dictaminación a doble ciego por profesores de la Escuela de Relaciones Internacionales.


“El exiliado mira hacia el pasado, lamiéndose las heridas; el inmigrante mira hacia el futuro, dispuesto a aprovechar las oportunidades a su alcance” - Isabel Allende

Hoy en día la migración es una de las mayores problemáticas que se presentan en el mundo. Las distintas situaciones que sacuden a diversos países hacen que miles de personas se vean obligadas a abandonar sus hogares y emigrar hacia otros lugares en busca de mejores condiciones de vida. Esto ha provocado que muchos gobiernos intenten gestionar la migración de distintas maneras, ya sea mediante la creación o refuerzo de muros fronterizos, la militarización, la externalización de fronteras, restricciones legales e incluso, el uso de la violencia. Sin embargo, a pesar de las múltiples soluciones que se han implementado para controlar o evitar la migración, muchas de ellas han resultado tan sólo parcialmente efectivas.

Esto nos lleva a cuestionarnos si realmente se está atacando la problemática desde la raíz o si únicamente se intenta contener, pues después de todo lo que se ha invertido, la migración solo termina creciendo cada vez más.

Entonces, ¿buscar maneras de detener la migración es realmente lo que deberíamos hacer en pleno siglo XXI? Con base en lo anterior, el siguiente ensayo abordará la hipótesis de que la migración debería dejar de tratarse únicamente como una problemática y comenzar a verse también como una oportunidad de desarrollo.

En este siglo, el tema que nos convoca, es constantemente presentado como una crisis que se debe resolver de manera inmediata. Gobiernos enteros, medios de comunicación y diversas organizaciones hablan de ella como uno de los principales problemas que  deberían atenderse a corto plazo y con miras a que sea un ejercicio permanente. Por ejemplo, en Estados Unidos, con la llegada de Donald Trump al poder, las políticas migratorias se agravaron de manera significativa, lo cual provocó un aumento masivo en las deportaciones. De acuerdo con varias fuentes, los vuelos por deportación incrementaron en un 112% y esta cifra crece significativamente, mes con mes, mientras que las medidas de control fronterizo son cada vez más estrictas y violentas.

Otro ejemplo de esto es cómo Europa, no hace mucho, era visto como un lugar abierto para refugiados y emigrantes; sin embargo, el aumento de los movimientos migratorios provocaron que el parlamento Europeo se viera en la necesidad de aprobar el ICE Europeo con el objetivo de endurecer las deportaciones y lograr expulsar a los migrantes y refugiados que habitan en él.

Al mismo tiempo, la Organización de las Naciones Unidas ha reportado cifras enormes enlazadas a la migración pues, en 2020 existían aproximadamente 281 millones de migrantes internacionales y ya para 2024, la migración alcanzó niveles de récord mundial.

Palabras como migración, deportaciones, ICE y crisis, aparecen diariamente en todos lados. De esta manera la atención se centra únicamente en cómo detener la migración o reducirla. Casi nunca se cuestiona el origen de esta y es ahí donde surge la pregunta ¿es realmente la migración el problema principal? o ¿es únicamente la consecuencia de un sistema el cual le ha fallado a sus habitantes al transgredir la desigualdad, las crisis globales y la falta de oportunidades?

Al no lograr obtener resultados definitivos, muchos países prefieren optar  por generar miedo como método de control. Sin embargo, casi nunca existe un verdadero momento de reflexión, en donde los propios países cuestionen la responsabilidad que tienen dentro del problema, pues ante la presente situación resulta más fácil decir frases como “quédate en tu país y adáptate”.

Se juzga al migrante, pero casi nunca al país o al sistema que, a través de sus propias decisiones, contribuye significativamente al origen de estas crisis. La manera en que se arrebatan tierras, se explota laboralmente a las personas y se llevan a cabo prácticas que perjudican al medio ambiente, únicamente genera condiciones de vida cada vez más insoportables, fomentando así el movimiento de los ciudadanos. Justo esto es lo que la autora  Sassen (2015) propone al decir que el sistema no sólo deja a millones de personas en condiciones insoportables, sino que es el propio sistema el que termina expulsándolas, convirtiendo la supervivencia en una especie de selección desigual sobre quién logra vivir en mejores condiciones.

Aún sabiendo que, en muchos casos, son los propios países quienes terminan fomentando indirectamente la migración, son también ellos quienes se quejan y toman un papel de víctimas ante la situación. Detrás de tantos discursos antimigratorios existe una fuerte contradicción; mientras públicamente rechazan a los migrantes, en distintos lugares  se continúan beneficiando de su mano de obra barata y de las desigualdades económicas de otros países.

Un ejemplo claro de esto puede observarse en la relación entre Estados Unidos y México considerando que, México es uno de los países con mayor número de migrantes hacia territorio estadounidense.

A lo largo de la historia, Estados Unidos se ha beneficiado de recursos, mano de obra y relaciones económicas desiguales con México; sin embargo, muchas personas terminan siendo excluidas, como si no tuvieran la posibilidad de pertenecer a un grupo, hasta el punto en que migrar deja de ser una opción y comienza a convertirse en una necesidad. Según Galeano (2004) “El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce”(p. 19).

Así mismo, las soluciones que existen actualmente, además de no ser totalmente funcionales, presentan diversos problemas. Los muros fronterizos no detienen la migración, únicamente provocan que las personas busquen rutas cada vez más peligrosas para cruzar. Dichas construcciones funcionan metafóricamente como un discurso de discriminación y rechazo social.

De igual manera, las deportaciones masivas afectan a miles de familias generando inestabilidad emocional y económica. Todas estas medidas terminan produciendo miedo y desconfianza hacia las propias instituciones migratorias.  Un ejemplo de ello es el ICE en Estados Unidos, organización que aunque se supone debe encargarse de combatir actividades criminales relacionadas con la migración, ha recibido múltiples críticas por casos de uso excesivo de la fuerza y diversas prácticas que han generado temor tanto en migrantes como en parte de la  propia población estadounidense.

A pesar de que muchos países buscan constantemente expulsar a los migrantes de sus territorios, pocas veces se detienen a analizar las consecuencias negativas de esto. No podemos ignorar que gran parte del movimiento económico también surge del trabajo informal, el cual no solo genera una enorme cantidad de empleos, sino que también cubre necesidades que en muchas ocasiones las grandes empresas no logran resolver.

Frecuentemente se intenta hacer creer que este tipo de trabajo implica únicamente delincuencia, pérdidas económicas o desorden social. Sin embargo, quienes realmente se ven afectados por la existencia de este tipo de trabajos suelen ser las grandes empresas y sectores con mayor poder económico, razón por la cual estos impulsan constantemente la idea de que el trabajo informal es un problema. Muchos migrantes terminan trabajando de estas maneras no por elección, sino porque  esta es una de las pocas posibilidades que tienen para sobrevivir y lograr sostener a sus familias.

El problema de la pobreza y la desigualdad no se le puede asignar únicamente a quienes intentan sobrevivir día a día, como los son los migrantes. En muchos casos, estas condiciones son consecuencia de sistemas económicos y diversas estructuras de poder mucho más grandes que priorizan sus  ganancias antes que las necesidades humanas. Según Alba et al. (2015):

Hoy en día, en muy pocos lugares del planeta vemos la globalización de lujo de los consorcios transnacionales, con sus presupuestos de miles de millones de dólares [...] en lugar de lo anterior, lo que vemos son los comerciantes del segmento pobre de la globalización (p. 18).

Muchas de las soluciones que distintos países presentan están muy lejos de resolver realmente esta problemática. El uso de violencia y de prácticas cada vez más extremas, que varios gobiernos han comenzado a ejercer debido a la desesperación ante el aumento constante de la migración, ya no resultan efectivas. Estas medidas no solo dañan a los migrantes, sino también a los propios habitantes de esos países, al generar desconfianza, afectar la economía e incluso perjudicar a la fauna y al medio ambiente.

Intentar acabar completamente con la migración en pleno siglo XXI es algo que podría considerarse prácticamente imposible. Entonces ¿por qué seguir buscando maneras de eliminarla en vez de buscar formas de utilizarla como una oportunidad de desarrollo? En lugar de continuar viendo la migración únicamente como una amenaza, los países podrían comenzar a aprovechar las distintas aportaciones económicas, sociales y hasta culturales que la migración podría generar.

Entonces, ¿qué soluciones podrían plantearse y de qué manera podría aprovecharse la migración? La realidad es que este fenómeno ya genera diversas aportaciones. Por ello, más que intentar eliminarlo por completo, podría buscarse una manera más efectiva de reducir las causas que obligan a las personas a migrar y, al mismo tiempo, aprovechar de mejor forma las contribuciones que la migración puede generar en el desarrollo de un país.

Una posible alternativa sería que países como Estados Unidos destinan parte de los miles de millones de dólares que actualmente invierten en reforzamiento fronterizo, militarización y deportaciones a proyectos de cooperación económica con países como México. Por ejemplo, podrían impulsarse comprando empresas nacionales que se encuentren en crisis o en bancarrota, creando espacios donde adolescentes y jóvenes adultos, sin importar su nivel económico, social o académico, reciban capacitación y oportunidades laborales dignas dentro de esas mismas empresas, generando ganancias para Estados Unidos y bajo la producción nacional, también para México.

De esta manera, además de generar empleo y mejorar las condiciones de vida en las regiones con mayores índices migratorios, también podría disminuir la necesidad de abandonar el país en busca de oportunidades. En lugar de enfocarse únicamente en frenar la migración, los gobiernos podrían trabajar en atacar algunas de las causas que la provocan y aprovechar de mejor manera las aportaciones económicas, sociales y culturales que los migrantes generan alrededor del mundo.

En conclusión, la migración no es un problema como tal, sino la consecuencia de un sistema que le ha fallado a millones de personas al ignorar sus necesidades y problemáticas. A pesar de que muchos migrantes ingresan a otros países de manera ilegal, continúan aportando significativamente en distintos ámbitos económicos, sociales y culturales. Por ello, aunque actualmente la migración sea considerada una problemática que debe resolverse lo antes posible, la manera en que muchos países intentan enfrentarla no resulta adecuada, ya que en numerosas ocasiones solo terminan agravando la situación y generando nuevos problemas, como desconfianza hacia las instituciones, violencia e inseguridad acrecentada.

Después de todo, la migración es un fenómeno mucho más profundo y complejo, compuesto por múltiples factores que probablemente nunca desaparecerán por completo. Los países deberían enfocarse en cómo aprovechar sus aportaciones y combatir adecuadamente sus causas en lugar de intentar erradicarla mediante medidas ineficaces o extremas.

Referencias

  • Alba, Carlos, Ribeiro, Gustavo. y Mathews, Gordon. (2015). La globalización desde abajo. México: FCE.
  • Galeano, Eduardo. (2004). Las venas abiertas de América Latina. México: S. XXI.
  • Sassen, Saskia. (2015). Expulsiones. Colombia: Kats Editores.