Al frente, en medio y detrás
17/09/2026
Autor: Carlos Mauricio Aguila Cervera
Cargo: Vicerrector de Docencia

Cuando pensamos en alguien que lidera, la imagen es casi siempre la misma. Está al frente. Explica, señala un rumbo, convence. Es la foto que ilustra cualquier artículo sobre liderazgo. Y es también, quizá, la que tenemos en la cabeza cuando decimos «dar clase, dar cátedra». ¿De dónde salió esa imagen? Nadie la eligió. Simplemente parece ser la única imagen que encontramos en buscadores de imágenes, libros comerciales, el conferencista de moda, etc…

El Liderazgo Transformador se describe de otra manera. Liderar no tiene que ver con la posición. Quien lidera puede decidir:

  • AL FRENTE como la presencia que supone visión e inspiración: la que influye, orienta y moviliza a la acción.
  • EN MEDIO como la presencia que supone acompañamiento: la que integra, genera sinergias, gestiona conflictos, empatiza, crea vínculos, escucha y comprende.
  • DETRÁS como la máxima expresión del servicio: crear un ambiente de inclusión, aliento y apoyo a las iniciativas de los demás.

Tres lugares. Y hay algo en esa lista que conviene no pasar por alto: dos de los tres no son de mando. Una vez más, el liderazgo no tiene necesariamente que ver con la posición o el rango. Vale la pena detenerse ahí, porque cambia lo que uno cree que está haciendo.

Solo el primero se ve. Es el que se fotografía, el que se reporta y el único que alguien podría evaluar. De los otros dos no queda constancia. No es un descuido de nadie. Es que lo visible es lo que se puede contar, y lo que se puede contar termina pareciendo lo único que ocurrió. Pero con el liderazgo, el verdadero liderazgo, la historia no es así.

Estar EN MEDIO es ser el catalizador que permite que el aprendizaje suceda cuando las fórmulas preestablecidas fallan. Es sentarse con dos estudiantes que se han bloqueado ante una lección compleja, no para darles la respuesta, sino para desmarañar juntos la madeja del pensamiento hasta que logran ver el camino. Es la disponibilidad atenta —a veces incluso fuera de horario— para responder a esa duda que inquieta, reconociendo que el vínculo pedagógico no termina en el aula. Pero, sobre todo, es la capacidad de gestionar la complejidad: cuando una discusión se enreda, quien está en medio no busca zanjarla con una autoridad vertical, sino que opta por guiar, moderar y ordenar, convirtiendo el caos en un proceso de construcción compartida. Nada de este esfuerzo sutil aparece en la carga horaria formal del profesor, pero es, indiscutiblemente, el espacio donde el aprendizaje cobra un sentido humano y profundo.

El tercero es el más difícil de todos. Estar DETRÁS significa detenerse. Es ver a un equipo tomar un camino que uno no habría tomado, y no intervenir. Es dejar que preparen mal una exposición para que descubran, por ellos mismos, por qué estaba mal. Es buscar que el mérito de lo que salga bien sea de ellos, y no reclamarlo. Para quien enseña, esa es la posición más incómoda que existe. Uno sabe la respuesta. Podría ahorrarles tres semanas. Y se calla, porque las tres semanas son el aprendizaje. Por eso, DETRÁS se afirma como la máxima expresión del servicio. No como elogio; la ayuda es la característica última del amar y servir.

Estar DETRÁS no es desentenderse. Quien no prepara la clase, quien no revisa a tiempo y no aparece, no está detrás. Simplemente NO ESTÁ. La diferencia entre acompañar desde atrás y abandonar es que el primero sigue mirando.

El liderazgo tampoco se trata de elegir un lugar y quedarse ahí. Las tres posiciones son necesarias, y ninguna funciona sola. Quien solo se pone al frente forma gente que espera instrucciones. Quien solo acompaña forma gente que no sabe hacia dónde va. Y quien solo se pone detrás sin haber ido antes al frente deja a un grupo sin rumbo.

¿Qué distingue entonces a quien enseña bien? Quizá no sea su lugar o posición, sino que cambia de lugar cuando el grupo lo necesita. Y esto no se aprende en un curso o diplomado. Se aprende mirando: cuándo un grupo necesita que le señalen el rumbo, cuándo necesita que alguien se siente al lado, y cuándo lo único que necesita es que le abran espacio. Nadie es uno de los tres de manera permanente.


Pocos autores exploran esta tríada en el ejercicio del liderazgo…

Y quizá lo único que nos ha faltado es que alguien nos lo dijera antes;

… porque el lugar de AL FRENTE lo aprendimos todos…

…  los otros dos hay que descubrirlos.