Busco la verdad con pasión y la enseño con humildad: SOY PROFESOR UPAEP
02/09/2026
Autor: Carlos Mauricio Aguila Cervera
Cargo: Vicerrector de Docencia

Buscar la verdad con pasión. Enseñarla con humildad.

Son dos actitudes muy propias del Profesor UPAEP, pero sostenerlas todo un semestre puede ser un gran desafío.

Empecemos por la pasión. Hacer las cosas con pasión es volcar una atención plena, propósito y compromiso deliberado en lo que se ejecuta, transformando una simple tarea en un acto de trascendencia personal y excelencia. En el salón de clases, es alguien que se queda leyendo un artículo que no le pidieron; es el profesor que rehace una explicación por tercera vez porque las dos anteriores no alcanzaban; es una discusión con un colega sobre un asunto que a nadie más del edificio le interesa. Nada de eso se acredita. Casi nada de eso se nota. Y sin embargo se nota siempre.

Basta un par de semanas, para que los estudiantes sean capaces de diferenciar a un docente que mantiene vivo el interés por su clase de aquel que se limita a gestionarla de forma rutinaria. No lo distingue por lo que dice. Su entusiasmo se hace evidente en sus gestos cada vez que llega al núcleo de lo que le apasiona. Eso es pasión.

Uno busca con pasión. Pero se recuerda que lo que uno encontró no es suyo. Llegó por otros. Se sostiene en el trabajo de mucha gente. Y este es el camino de la humildad.

Enseñar con humildad es reconocer que uno custodia algo que recibió. No que exhibe algo que fabricó. Esta es la Lógica del Don, sustento principal del estilo de Liderazgo Transformador, marco antropológico que explica la existencia humana no como un estado de autosuficiencia, sino como un proceso relacional. Se basa en la premisa de que no somos "causa de nosotros mismos", sino que todo lo que poseemos (talentos, conocimientos, habilidades) es un legado recibido que conlleva una responsabilidad social.

En este mismo marco de liderazgo, la alteridad es considerada el primer atributo funcional. Y es el único que exige reciprocidad: acompañar, guiar y dirigir, pero también aceptar ser enseñado por el otro.

En un salón de clases, el aprendizaje va en dos direcciones.

«Seré tu compañero todos los días de tu vida. Harás de mi fuerza la tuya. Verás mi vida a través de tus ojos y yo la tuya a través de los míos. El hijo se convertirá en padre y el padre, en hijo. Este es mi legado, todo lo que puedo darte, Kal-El.» [El lector disculpe esta maravillosa quote de Superman I, 1978].

Ahora bien, buscar la verdad con pasión y enseñarla con humildad podría percibirse como un esfuerzo que tira para lados opuestos. Con mucha pasión y poca humildad aparece una figura que todos hemos visto y que, a veces, hemos sido: el que tiene razón. Sabe muchísimo y discute bien. Su clase termina siendo sobre él y el grupo aprende la materia y aprende, de paso, que no conviene contradecirlo.

Con mucha humildad y poca pasión aparece la figura contraria: el que no se implica. Todo le parece respetable y ninguna postura le parece defendible. El grupo sale del semestre creyendo que en ese campo da igual una cosa que otra. Ninguno de los dos forma a nadie. Y la trampa está en que los dos se sienten virtuosos por dentro. Hasta no resolver esto, no pasará nada.

Quizá por eso la frase pone las dos cosas en la misma oración, unidas por una «y» que parece inocente y no lo es. Se manifiesta cuando alguien defiende una postura con energía y, en la misma sesión, admite que no tiene certezas absolutas sobre otros puntos. Se ve cuando llega una objeción que parece tonta y el profesor se detiene a pensarla en serio. De vez en cuando las objeciones tontas no lo son. Se ve cuando el profesor corrige, en la clase siguiente, algo que afirmó en la anterior. Así, sin dramatizarlo.

Hay un detalle en «busco la verdad con pasión y la enseño con humildad» que vale la pena no pasar por alto. Está escrita en presente: busco, enseño. No dice que lo consiga. Dice a qué se dedica uno. Dice que el camino es mucho más importante que el fin en sí mismo. Y ese presente es lo que la salva de ser un elogio.

Buscar la verdad con pasión y enseñarla con humildad describe aquello a lo que nos comprometimos el día que aceptamos entrar a un salón; el día que aceptamos SER PROFESOR.

… y es la única promesa que no se puede delegar en nadie.