Debo confesarles hoy, en TU HISTORIA, que, aunque los historiadores no nos dedicamos a pronosticar futuros, me animo a contarles brevemente mi último viaje. Vengo de un tiempo futuro. Lo de menos es cómo llegué allí (en un sueño…o en…).
Vengo de estar en el Tepeyac en un sábado que marcará por siempre un antes y un después en la historia mundial. Un día previo a mi llegada a ese futuro, el 12 de diciembre de 2031, se celebró en mi viaje un acontecimiento con mayúsculas que hizo homenaje a los 500 años del mensaje guadalupano en el Tepeyac.
Esa raíz identitaria de un nuevo epicentro intercontinental de espiritualidad católica trazó durante siglos un eje de este a oeste (Judea, Roma, Tepeyac…), viendo la Tierra al modo tradicional de Gerardus Mercator.
¿Surgirá hacia el 2050 un nuevo eje espiritual cerca de Pekín o Bagdad que replantee con firmeza un cambio espiritual? ¿Seguirá circunnavegando la Tierra esta experiencia reveladora católica hasta tomar tierra nuevamente en las zonas de Belén y Nazaret, cumpliendo así un ciclo completo, quizás en el año 2600?
Lo cierto es que, el día previo a mi llegada a ese futuro dentro de mi sueño, decenas de millones de personas se encontraron en el mismo epicentro donde me encontraba, y cientos de millones se conectaron desde diferentes partes del mundo, representando a todos los continentes. Todos ellos visitaron, en persona y/o en alma y corazón (yóllotl), a su Madre, bajo el gran mandato de ser todos hermanos (sin excepciones entre los Homo sapiens) y convivir en paz.
Guadalupe, en mi sueño, hasta entonces, aparecía en infinidad de cadenas de información vinculadas a lo cultural, rodeada de lo que hoy llamamos drones, que emitían la noticia del día previo. Ya no quedaban cuerpos de seguridad híbridos y ciber conectados de las presidentas y presidentes de todo el mundo, quienes llegaron a mostrar sus respetos personales en dicha efeméride como base cultural. No quedaban flores ni plegarias, ya no había una sola tienda de campaña en las afueras ni una vela.
Giré sobre mí mismo y no vi a nadie. Dirigí mi mirada hacia el Sagrado Original y no estaba.
Fue entonces cuando comprendí que mi sueño era realmente una pesadilla.
Los 500 años del Acontecimiento Guadalupano, el 12 de diciembre de 2031. habían sido un punto y final, un punto de llegada, un punto a celebrar, pero también a dejar de lado y ser olvidado al día siguiente.
Comprendí entonces que lo que realmente nos debe preocupar no es tanto el llegar al 12 de diciembre de 2031, sino qué pasará al día siguiente: el sábado 13 de diciembre de 2031, dando inicio a los siguientes 500 años y el camino al 2033 de la Redención de Cristo; el camino de una Madre que vuelve a anunciar a su Hijo en efemérides de ciclos de tiempos venideros.
Quizás incluso cambiemos el conocido Nican Mopohua (aquí se narra) por un Nican occeppa mopohua (aquí se vuelve a narrar), dando su lugar sagrado a las raíces, pero marcando un nuevo ciclo dentro de la continuidad.
Me gustaría dejar atrás esa pesadilla llena de vacío espiritual y olvido. Quiero volver a soñar, ir a ese Back to the Future guadalupano y que, tras visitar ese 13 de diciembre de 2031, pueda decir que dicho día fue incluso más significativo que el anterior, pues la devoción creció con tal potencia que puso las bases para continuar al menos quinientos años más, llegando incluso a otros planetas donde nos asentemos.
Y en ese bello sueño en el que lograremos la fraternidad, ¿saben quiénes estaban allí junto a Guadalupe?
Estaban todos los que debían estar:
Ustedes.










